Espiritualidad | Nuestra mente levanta muros muy elevados…. ¡Derribémoslos!

Las barreras que nos impiden actuar solo están en nuestra mente. Por eso, debemos derribar esos pensamientos negativos que nos frustran cada día.
Sin duda alguna este largo confinamiento nos ha hecho descubrir muchas cosas de nosotros mismos que antes desconocíamos por completo. Y aunque varias de ellas son positivas, definitivamente hay otras que no lo son tanto.
Una de ellas es que no hemos aprendido a lidiar con esa desafortunada tendencia a pensar que ‘todo nos va a salir mal’, tal vez por culpa de la pandemia o de lo que ella nos ha despertado.
Lo peor es que durante cada día de pandemia hemos ido edificando un peligroso muro que no nos deja ver más allá de las angustias.
Si insistimos en cimentar en nuestra mente esos pensamientos fatalistas, allanaremos el camino a situaciones más complicadas como la ansiedad, la tristeza y la depresión, por citar solo algunas.
El problema de todas estas sensaciones negativas, provocadas por el encerramiento, es que muchas veces ellas surgen por una falta de aceptación de las cosas que no nos gustan o que nos generan inseguridad.
Nos refugiamos en el miedo, rechazamos el cambio y nos aferramos a lo que es nuestra rutina o nuestra vida diaria; y eso, lejos de darnos alivio, nos hace sentir más agobiados.
¿Le ocurre a usted?
Pues, le corresponde ‘sí o sí’ asumir una mentalidad positiva, a pesar de los temores que se aniden en su corazón.
Reprogramar su mente le ayudará a ver lo que está pasando con otra óptica, al menos con una lente más esperanzadora.
Hacer eso no significa que no quiera ver la realidad o que ignore todo lo que está sucediendo. Solo se trata de enfrentar lo desagradable de una manera menos catastrófica y creer que lo mejor va a pasar, no lo peor.
Lo primero que debe hacer es aceptar que la vida, en un abrir y cerrar de ojos, le cambió… ¡pero no para mal, sino para bien!
De nada le sirve aferrarse a la idea de que mañana todo estará ‘normal’ de nuevo por arte de magia, o que retornará de un momento a otro a su trabajo como era habitualmente.
Y si el confinamiento lo estresa, debe reflexionar y responderse por qué el hecho de estar con usted mismo y en su propio hogar le genera tanta ansiedad: ¿Acaso le teme a la soledad?
Debe analizar si la situación se deriva de una necesidad de huirle a la realidad o si es simplemente una sensación que no puede describir.
Resuelva lo más pronto posible eso que le genera esas emociones negativas y enfréntelas con toda honestidad, para dejar de evadir aquello que ha querido tapar todo este tiempo.
La tarea es encontrar el camino hacia lo que le está generando esa incomodidad, y asumir el día a día con serenidad.
Ya basta de decir que la vida es ‘dura e injusta’. Levántese, afronte el reto del nuevo mundo y permítase ser feliz.
¡Enfrentar con gallardía es de valientes, quejarse es de cobardes!
Le recomiendo que mientras tanto adopte hábitos de vida saludable que le otorguen tranquilidad y bienestar. Trate de hacer ejercicios de meditación todos los días, también cumpla rutinas relajantes u otras prácticas que le alimenten el alma.
Lo importante es que aprenda a ayudarse, porque no hay mejor amigo o peor enemigo que uno mismo.
Desde el mismo momento en el que se levante de la cama repítase en su mente que será un día hermoso y que aprenderá cosas maravillosas. ¡Mejor dicho, dese ánimo!
También le planteo que recurra a su fe. Se lo digo porque, en materia de especialistas, nada como el Señor.
Debe pedirle a Dios que le dé fuerza para cambiar todo lo que le afecta y valor para seguir luchando por lo que quiere, para que con su Bendición se le ilumine su vida.
Si alguna vez pierde las esperanzas, Él le ayudará a comprender que sus planes son mejores que los de usted.
De la mano del Creador usted sabrá que los tiempos nuevos serán mejores. Algo más: lo que no pueda hacer, deje que Dios lo haga por usted.
¡Láncese a la vida!
El mundo es un reto: vívalo, siéntalo, ámelo y jamás olvide ser feliz. Y si por alguna razón tropieza o pierde, levántese y continúe su camino. Eso sí, tendrá que esforzarse, estar más concentrado y poner atención, porque las joyas pequeñas se encuentran a simple vista pero, los tesoros más valiosos aparecen después de mucho esfuerzo.
Por: Euclides Kilô Ardila



