Espiritualidad | No veamos todo gris, el sol brilla cada día

Ahora que se volvió costumbre analizar cifras y compararlas, me encontré con un dato alarmante: ¿Sabía usted que del 100% de los pensamientos que tenemos a diario, cerca del 90% son negativos?
Obviamente ese gran porcentaje gris, al menos durante este tiempo, es atribuido a la incertidumbre que nos genera la pandemia.
De acuerdo con el profesional médico de la Escuela de Psicología, la negatividad y la mente pesimista están a flor de piel y las dos son las responsables de la ansiedad y del desequilibrio emocional en el que andamos.
Nos acostumbramos a centrarnos en los mensajes o anuncios catastróficos y, como es apenas normal, nuestro espíritu de manera literal ‘está por el piso’.

Se nos ha resquebrajado el ánimo y en ese proceso nuestra propia fe ha comenzado a trastabillar.
¡No podemos seguir así. Es preciso sembrar la semilla de la esperanza antes que regar el pesimismo por doquier.
Usted preguntará: ¿Cómo ser positivo en medio de tantos problemas?
Yo sé que la crisis, el estrés el mal humor y cientos de pensamientos frustrantes inundan nuestras mentes y nos tienen al límite.
Pero yo le devuelvo la pregunta: ¿De qué nos sirve nutrir tanta negatividad? ¡Pues de nada! En últimas la vida es mucho más sencilla.
Es claro que a ese ‘parloteo’ interior que se escucha en nuestra cabeza y que está alimentado por los mensajes que vemos con esto de la pandemia ‘se le puede bajar el volumen’, en la medida de lo posible.
Y para silenciar los pensamientos grises, debemos centrar nuestra atención en las cosas que nos relajan y nos hacen sentir bien.
Lo anterior implica dejar de ser duros con nosotros mismos, no insistir en recordar las tormentas y empezar a ver cada día como una valiosa oportunidad para crecer.
Yo defino mi sugerencia como ‘pensar bien’. Es decir, aprovechar el poder de la mente para multiplicar la fe y saber que las cosas buenas son posibles.
Pequeños gestos y cambios positivos en nuestra perspectiva nos pueden ayudar a afrontar la ‘cuarentena’, por muy dura que ella sea.
Seamos coherentes y actuemos de una manera más amable y menos complicada.
Hay que plasmar en la cotidianidad las grandes ideas, esas que contribuyan el bienestar, a la mayor armonía del universo, a la belleza y a la paz interior y exterior.

Hay que encontrarle sentido a todo esto que estamos viviendo y desterrar las situaciones que nos traen insatisfacción, desesperación o depresión.
Por ejemplo, dejemos de ser tan nostálgicos recordando cosas del ayer y pensemos que lo mejor está por venir.
¡Aquí no estoy inventando nada! Para nadie es un secreto que aplicar la sencilla técnica del optimismo es clave para obtener grandes resultados.
Incluso eso es bueno para mejorar la salud, para controlar el estrés, para frenar el proceso de envejecimiento, para superar problemas de alcohol y drogas, para combatir el insomnio, para atenuar la angustia, para reducir la presión sanguínea, en fin…
Sus pensamientos de felicidad son factores claves en su bienestar; además, también es importante la alegría que usted irradie, pues eso favorecerá a las personas que le rodean.
Vivamos alegres para que estimulemos nuestro optimismo y de paso reafirmemos nuestras ganas de recuperarnos.
La alegría atrae salud y ella refleja un equilibrio interno. Al menos hacer eso es mejor quedarse sentado llorando por este duro año 2020. ¿No le parece?.
Por: Euclides Kilô Ardila




