OPINIÓN

Opinión | El Pacto Histórico es el grito del pueblo que trabaja para sostener la economía de un país

Por Marcos Velásquez.

El Pacto Histórico es una respuesta al silencio que oprimía el futuro del país.  Opresión que se encargaba de anudar en el poder solo a los que tienen, sin notar que, cada vez más, los pocos que tienen, no cuentan con discurso, pero sí con herramientas para consolidar su fortuna.

De ahí que el Pacto Histórico proponga la “reparación a la democracia cuarteada, a partir de la generación de trabajo, calidad de vida, sustentabilidad ambiental, paz y futuro, en oposición al desempleo, las quiebras de vida, la desesperanza, la guerra y el dolor, planteando una garantía en el acceso a la salud y la educación de calidad que incluya la universidad.

Se preocupa por resolver temas espinosos como el agua potable, el internet con cobertura para las zonas más alejadas y para todos, las energías limpias y la protección del planeta, así como la transformación tributaria para garantizar los compromisos productivos, sociales y de defensa de la naturaleza, con impuestos justos y equitativos.

Recupera los ideales, fines y propósitos del Estado, para servir desde la solidaridad, el bien común, el interés general o público, luchando contra el racismo estructural y todas las formas de patriarcalismo y discriminación en la gestión pública y la sociedad, hasta obtener el reconocimiento real de todos y todas en una sociedad solidaria que garantice la convivencia.

En otras palabras, el Pacto Histórico es una nueva forma de gobernanza democrática y pluralista en la que las diversas expresiones de la sociedad colombiana construirán los acuerdos mínimos para adelantar las transformaciones que han sido históricamente postergadas y que son indispensables para avanzar hacia una era de paz en el país”, que busca anudar el lazo social roto por el silencio de las armas, la extorsión o el mal acostumbrado silencio cómplice de quienes guardan sus intereses, por encima del bien común.

Por ello, el Pacto Histórico se erige como una propuesta en la que el discurso da cuenta de sus actos, contrario a lo que se había habituado Colombia.

Si bien, el lazo social se sostiene a partir de la palabra, de la reflexión y de la respuesta, incluso, a los silencios, el Pacto Histórico es el grito del pueblo que trabaja para sostener la economía de un país que tiene todo para crecer e insertarse en el nuevo orden mundial.

De igual modo, es la respuesta, a la historia de Colombia, que da cuenta de un presidente que no tapa su pasado y trabaja desde sus orígenes, por el futuro del bien común, sin que esto sea interpretado como empobrecimiento social, sino como el progreso económico que exige darle una vuelta de tuerca a un capitalismo que ha mostrado su cansancio y sus falencias.

Solo a través de la palabra y la sana discusión, se puede hacer lazo en la naturaleza del lenguaje que habita a lo humano.  La apuesta es grande, y la propuesta ha sido hecha para responder a ella.

Tanto el presidente Gustavo Petro, como sus senadores y coequiperos, tienen la tarea ética con la historia del país, de velar por los intereses de quienes lo han sostenido siempre, su clase trabajadora.  Hoy no se trata de políticos, hoy se trata de un pueblo dividido que se une en el interés común que ha sostenido su riqueza, el trabajo, para el bien de todos.

He ahí el secreto del lazo social que ha sostenido a Colombia.  Al descuidarlo, en favor del bienestar para pocos, la esperanza se había perdido.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba