OPINIÓN

Opinión | Al mundo no le importas tanto

Por: Bibiana Cabarcas

Ante la inexplicable ola de suicidios que, como sociedad, nos causan un enorme dolor y consternación, es la hora de hacer un pare con el fin de realizarnos un autoanálisis, y por lo menos, tratar de entender qué es lo que nos está pasando.

Cada ser humano que decide poner un punto final a su vida, se constituye en una irremediable tragedia, no solo para su familia, sino también para todos nosotros, que debemos dejar de ver el tema como algo ajeno y de titulares de prensa, es hora de empezar a contribuir con hechos y evitar la pérdida de vidas valiosas.

Y no es un asunto solamente de los profesionales de la salud mental, aquí cabría preguntarnos qué podemos hacer como familia, compañeros de trabajo, amigos o simplemente conocidos por las personas que a diario vemos, y que, como todos nosotros, llevan cruces y sufrimientos que nadie conoce. Hoy por hoy se considera una debilidad expresar los sentimientos y se pone una carga pesada sobre los hombros de las personas que se traduce en tener éxito a toda costa, pero, ¿qué es ser exitoso hoy en día? Solamente veamos lo que nos muestran las redes sociales y están reflejando lo que se considera ser exitoso; tener dinero, fama, belleza física, dar de qué hablar y no pasar desapercibido y todo bajo el ojo escrutador del público, ya que actualmente, no se tiene intimidad, todo se publica y se comenta.

¿Realmente a alguien le importa lo que le pasa al otro? Esos estados de felicidad y aparente triunfo de las redes no retratan la cruda realidad de las deudas económicas, los fracasos sentimentales; los problemas al interior de los hogares y los trabajos. Vivimos en un constante mundo ficticio en donde lo importante es tu cara feliz, pero no tu interior, lleno de conflictos y preocupaciones; lleno de retos y exigencias que nos impone el mundo actual.

Qué pensamientos y luchas internas tiene quien decide dar el paso y atentar contra su valiosa vida, nadie lo puede saber, pero, tal vez y solo tal vez, si, nos ponemos en el lugar del otro y dejamos de juzgarnos tan duro y de señalarnos tanto y si,  miramos el interior de nosotros mismos y vemos en nosotros la imagen de quien tenemos al lado, digo que, tal vez, podamos ser más humanos y sensibles al dolor ajeno e incluso a nuestro propio dolor, al que muchas veces tratamos de negar con una sonrisa forzada para engañarnos y engañar a un mundo al que no le importamos tanto.

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