OPINIÓN

Opinión | Sincerémonos

Por: Orlando Benítez Quintero

En un debate con colegas del Círculo de Periodistas y Comunicadores de Montería, discutimos sobre el editorial del New York Times que apoya la candidatura de Kamala Harris para la presidencia de los Estados Unidos. El artículo, titulado «Solo hay una opción patriótica para la presidencia», publicado el 30 de septiembre de 2024, resalta a Harris como “la única opción para preservar los valores democráticos del país”. Según el comité editorial, Harris es la única candidata comprometida con la Constitución y la estabilidad, mientras que Donald Trump es criticado por su falta de moral y temperamento.

La postura del New York Times reaviva un debate añejo sobre el papel de los medios en la política: ¿deben tomar partido? ¿Es la objetividad una meta alcanzable en el periodismo actual? Preguntas que nos llevan a reflexionar sobre el equilibrio y la verdad en este ejercicio.

En esa conversación recordaban cuando los periódicos colombianos declaraban abiertamente sus inclinaciones ideológicas —liberales, conservadoras o de izquierda—, mis colegas coincidían en que estas filiaciones no impedían el ejercicio periodístico independiente. Los medios informaban, analizaban y ofrecían diversas perspectivas, respetando el juicio crítico de los lectores. La consulta de fuentes y la presentación equilibrada de los hechos regían como principios.

Hoy, la objetividad es más que nunca un tema debatido y, en ocasiones, desafiado. Aunque noble, es difícil de lograr porque los periodistas, como seres humanos, inevitablemente reflejan sus propias experiencias y convicciones. Ejemplos abundan: la cobertura de tragedias está impregnada de emociones, y las presiones externas —políticas o económicas— afectan la imparcialidad.

En Colombia, la Constitución de 1991 permitió que cualquier persona fundara un medio, consagrando en el artículo 20 la libertad de expresión y el derecho a informar y recibir información veraz e imparcial. Sin embargo, este equilibrio entre libertad de expresión y objetividad sigue siendo un reto. Con la proliferación de voces en el ámbito digital, mantener la equidad informativa se ha vuelto más difícil, aunque no imposible. Así mismo, hay ejemplos evidentes de medios que se presentan como objetivos cuando juegan en un bando por debajo de la mesa. Además, Abundan quienes en sus medios cambian de posturas como de vestido.

Por eso, abogo por el equilibrio más que por la objetividad total. Un balance alcanzable si respetamos principios fundamentales: la consulta rigurosa de fuentes, ofrecer un contexto claro y diferenciar adecuadamente entre géneros periodísticos, sobre todo los de opinión e informativos. Hoy, esta distinción es muy difusa, lo que confunde a los lectores. Si los medios fueran más claros en esta diferenciación, se fortalecería la confianza de las audiencias.

Recuperar las prácticas del siglo pasado, cuando los medios declaraban sus posiciones ideológicas, sería saludable, permitiría a los lectores entender el contexto desde el cual se presentan los hechos y ejercer un juicio más crítico. Incluso entonces, columnistas de ideologías opuestas escribían en medios de tendencia contraria, enriqueciendo el debate público.

Por eso, el apoyo del New York Times a Kamala Harris no sorprende. Es una expresión legítima de la libertad de prensa, siempre que se respete el periodismo riguroso, como debe ser. Sincerarse sobre las inclinaciones no es faltar a la verdad; al contrario, fortalece la transparencia y brinda a los lectores las herramientas para formarse sus propias conclusiones.

 

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