OPINIÓN

Opinión | Globalismo y tiranía de izquierdas

Por: Bibiana Cabarcas

Las élites, esta palabra que está en todo y significa mucho; de las que todos hablan pero que nadie sabe a ciencia cierta quiénes son y dónde están y la influencia que ejercen en el mundo actual. Élite es, por definición, un grupo muy reducido de personas, que no se considera estar al mismo nivel que el resto de los mortales, serían algo así como la nueva nobleza del siglo XXI, altiva y distante que pretenden el poder absoluto. Por ende, élite y democracia son antagónicas y quienes le siguen el juego son tontos útiles al servicio de sus objetivos.

El marketing que las está llevando a su fin es el globalismo, y con la pérdida imperceptible de las fronteras de los estados-nación y la masificación mundial del colonialismo cultural, están logrando penetrar a la sociedad y conseguir su primer objetivo, acabar con las democracias y constituir un gobierno mundial, esto es a una nueva forma de tiranía o estado totalitario.

El globalismo destruye a la democracia, la identidad de los pueblos desaparece, la masificación cultural en favor de la ideología globalista prevalece y se genera el ambiente propicio para que solamente se piense y actúe como a las élites les convenga. Las decisiones se tomarán desde ellas y ya poco importaría por quién votar, de hecho, ya lo estamos viendo hoy en día, con la pérdida de confianza en los gobernantes ante la descomunal ineptitud y corrupción que los caracteriza, lo que trae una actitud escéptica ante los mismos y la apatía a participar en elecciones cada vez menos democráticas.

Aquí entran en su juego las fuerzas de izquierda, que se declaran democráticas, pero que son las primeras en defender al globalismo propugnado por las élites y se encuentran en coalisión con ellas. Es por esto que vemos que en todo régimen de izquierda existe la tendencia a la tiranía y la opresión, a la censura de todo tipo de libertades y a la abolición de la democracia; mientras se ufanan y alardean de ser los paladines de los derechos humanos, son los primeros en reprimirlos y ponen de moda el humillar públicamente a aquellos que se oponen a su ideología. El fanatismo e intolerancia característicos de la izquierda, y su radicalismo institucional son propios del globalismo impuestos por las élites.

Es por esto que los discursos de los gobiernos de izquierda, como el que actualmente padecemos en Colombia, son incoherentes, ya que no se puede ir por la vida hablando de libertades, cuando en la práctica es todo lo contrario. Y la gente ya se ha dado cuenta de su juego, y de que la tan cacareada “superioridad moral” de la izquierda no existe, ya que el disfraz de demócratas les quedó grande. “ En realidad la izquierda se ha convertido en una inquisición moderna al servicio de las élites” José M Millet.

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