ESTILO DE VIDA

No es distracción ni locura: por esto se te pegan las canciones y así puedes soltarlas

Seguro te ha pasado: una melodía corta se repite una y otra vez en tu mente sin pedir permiso. La ciencia tiene nombre para este fenómeno y también varias formas sencillas de interrumpirlo.

Abrir los ojos por la mañana, estar en el bus o lavar los platos y, de repente, una canción aparece en tu cabeza como si alguien hubiera apretado “play”. Ese fenómeno, conocido como gusano musical o earworm, es más común de lo que creemos y no tiene nada que ver con falta de concentración. Según explican investigadores citados por Panorama del San Jorge, es una reacción normal del cerebro frente a ciertas melodías.

La clave está en la música y en el momento emocional en el que la escuchamos. Canciones con ritmos rápidos, melodías simples y estribillos repetitivos son las más propensas a quedarse pegadas, como sucede con muchos temas pop. Estudios liderados por la profesora Kelly Jakubowski han identificado canciones como Bad Romance de Lady Gaga o Can’t Get You Out Of My Head de Kylie Minogue como ejemplos clásicos de este fenómeno.

El cerebro funciona como cuando uno deja una frase a medias: busca completarla. Al recordar solo un fragmento de la canción, la mente entra en un ciclo automático que se refuerza con emociones, recuerdos o estados como el estrés, el aburrimiento o la nostalgia. Por eso los earworms suelen aparecer cuando hacemos tareas rutinarias o estamos distraídos.

La buena noticia es que hay formas simples de cortar ese bucle. Masticar chicle, por ejemplo, ocupa los músculos de la mandíbula y dificulta que el cerebro “reproduzca” la melodía. También ayuda realizar un reto mental de dificultad media, como un sudoku o un anagrama, que compite por la misma atención que usa el gusano musical.

Otra estrategia efectiva es escuchar la canción completa, de principio a fin. Al darle cierre, el cerebro deja de insistir en el fragmento repetido. Si eso no funciona, cambiar de canción por una menos repetitiva puede ayudar a desplazar la melodía invasora. No se trata de pelear con la música, sino de darle a la mente una nueva tarea.

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