
A escasos días de la primera vuelta presidencial, la oposición se disputa un cabeza a cabeza entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella; lo que ha marcado una seria contienda entre sus seguidores que, además de atacarse mutuamente con epítetos cada vez más ácidos, se han empeñado en señalamientos contra la figura del actual mandatario y su errático proceder. Si bien es cierto que el gobierno Petro ha sido por demás desastroso, también es cierto que tanta publicidad en su contra lo mantiene vigente y esto solo redunda en beneficio de su “heredero” Cepeda.
En marketing político a la estrategia de ignorar al adversario se le conoce como estrategia de contraste o posicionamiento superior, que busca no elevar el perfil del rival; esta estrategia se acompaña de una campaña positiva o marketing de propuestas, en donde el candidato se concentra exclusivamente en su propia agenda, en sus valores y en su conexión con la ciudadanía.
Es por esta razón que cada vez que se insulta al rival o se ponen de manifiesto sus errores, se le está haciendo publicidad gratuita, se le da un rango de importancia que no debe tener, en menoscabo de la propia valía del candidato que lanza las diatribas contrarias.
Se hace necesario, a estas alturas de la contienda electoral, restarle atención mediática al adversario y mantener el enfoque en la propia narrativa. Darle altura al candidato y ponerlo por encima de disputas y peleas innecesarias, lo consolida como un líder que se enfoca en plantear soluciones y que realmente se preocupa por el ciudadano. Si el candidato va punteando en las encuestas, esta es la estrategia a seguir, ya que, no se está arriesgando el capital político y no se validan oponentes que se deben hacer ver “pequeños”. Lo está haciendo Cepeda, aunque de manera equivocada.
La diferencia está en contrastar lo nefasto con las propuestas plausibles y sólidas que marcan una diferencia abismal entre lo que se está viviendo y lo que se quiere llegar a ser, darle al electorado la visión de un mundo mejor, guiado por una mano experta y firme que transmite confianza, afianza campañas y señala la ruta vencedora.
Los electores de Cepeda no van a ser convencidos de cambiar su voto por más ataques y pruebas que se les presenten de su candidato o de Petro, son un nicho fidelizado por el adoctrinamiento o por otro tipo de “prebendas”, tiene un sólido 30% de intención de voto que no va a variar; la estrategia de los opositores debe ir dirigida a ese margen de indecisos y abstencionistas, que pueden ver en ellos un punto de inflexión que los haga levantarse de su letargo y llevarlos a votar.



