VIDA Y SALUD

Vapear podría alterar miles de genes relacionados con cáncer y enfermedades

Los cigarrillos electrónicos suelen presentarse como una alternativa menos dañina al tabaco tradicional. Sin embargo, una nueva investigación encendió las alarmas al encontrar alteraciones genéticas asociadas con enfermedades graves en personas que vapean regularmente.

Un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad del Sur de California (USC) encontró que el vapeo puede alterar la actividad de más de 3.000 genes en el organismo, muchos de ellos relacionados con procesos biológicos vinculados al cáncer, enfermedades cardiovasculares y afecciones pulmonares. Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Frontiers in Oncology.

La investigación analizó muestras de células epiteliales orales de 35 usuarios de cigarrillos electrónicos, 24 fumadores y 24 personas que no fumaban ni vapeaban. Los científicos identificaron 3.124 genes con actividad alterada entre los usuarios de vapeadores en comparación con quienes no utilizaban estos productos.

Uno de los hallazgos más llamativos fue que el tipo de dispositivo y los sabores utilizados parecían influir más en los cambios genéticos que la cantidad o frecuencia de vapeo. Los investigadores encontraron que los sabores frutales y la combinación de varios sabores estuvieron asociados con una mayor cantidad de alteraciones en la expresión genética. Además, los dispositivos recargables más avanzados mostraron efectos biológicos más marcados.

Los autores aclaran que estos resultados no demuestran que una persona desarrollará cáncer por vapear, pero sí representan señales tempranas de procesos biológicos que ya han sido relacionados con enfermedades graves. Por ello, consideran que estos hallazgos podrían servir para fortalecer futuras regulaciones sobre ingredientes, sabores y características técnicas de los cigarrillos electrónicos.

Los especialistas advierten que el vapeo sigue siendo una tecnología relativamente reciente y que muchas de sus consecuencias a largo plazo aún no pueden medirse completamente. Sin embargo, las alteraciones observadas en la actividad genética refuerzan la preocupación creciente de la comunidad científica sobre los posibles riesgos para la salud asociados con estos dispositivos.

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