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Sentencia contra Álvaro Uribe desató advertencias desde Estados Unidos

La reciente condena en primera instancia contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez ha traspasado las fronteras judiciales para convertirse en un asunto de repercusiones políticas y diplomáticas internacionales. La decisión del Juzgado 44 de Conocimiento de Bogotá, que impuso 12 años de prisión domiciliaria, una multa equivalente a 1.612,5 salarios mínimos y una inhabilidad de más de ocho años para ejercer cargos públicos, ha provocado una oleada de reacciones desde sectores políticos en Washington.

El fallo, que lo declara culpable de soborno en actuación penal y fraude procesal, ha sido fuertemente cuestionado por congresistas y figuras influyentes de Estados Unidos, especialmente del Partido Republicano, donde Uribe es percibido como un aliado estratégico en la región.

Voces como la del senador Bernie Moreno han generado polémica por sus advertencias sobre posibles represalias diplomáticas: “Colombia necesita detener el uso de su sistema judicial como arma contra el expresidente Álvaro Uribe. Es un camino muy peligroso para quien debería ser uno de los principales aliados de Estados Unidos en Latinoamérica”. La comparación con el caso brasileño, en el que se mencionan sanciones durante la administración Trump tras el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, fue interpretada por muchos en redes sociales como un mensaje de presión.

Desde el oficialismo colombiano, la respuesta no se hizo esperar. El presidente Gustavo Petro zanjó la controversia con una declaración breve pero contundente en su cuenta de X: “Colombia no se chantajea”.

Mientras tanto, el entorno del expresidente Uribe ha insistido en que la decisión judicial responde a motivaciones políticas. Su abogado, Jaime Lombana, aseguró a la revista Semana que valora los pronunciamientos internacionales en defensa de su cliente y subrayó el papel histórico de Uribe en la cooperación bilateral con Estados Unidos: “Durante muchos años, el Gobierno americano ha ayudado profundamente a nuestro país y recibo positivamente esas observaciones por ser Álvaro Uribe Vélez un reconocido líder de la región latinoamericana, que trabajó incansablemente por el progreso de nuestra Colombia y siempre comprometido en la lucha contra el narcotráfico”.

Aunque desde la Casa Blanca y el círculo cercano de Donald Trump no ha habido declaraciones formales, el antecedente del exmandatario estadounidense, quien en 2020 condecoró a Uribe como un “héroe” y “aliado contra el castrochavismo”, ha reavivado la expectativa de un pronunciamiento más enfático.

En Colombia, la condena a Uribe representa un hito judicial sin precedentes en la historia reciente del país: nunca antes un expresidente había sido sentenciado por delitos relacionados con la manipulación de testigos. Mientras la defensa prepara la apelación del fallo, el país enfrenta un nuevo capítulo de polarización política que ahora trasciende sus fronteras y pone a prueba su autonomía institucional frente a presiones externas.

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