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Crónica | La Selección Vallenata: Julio Mejía – Roger Muñoz – Beto Pastrana

Por Bernardo José Rivero Ramos

“Óigame cantinero, tráeme otra

botella

que apenas me la ponga yo te

pago todo;

Y ponme un disco bueno que es

por esa hembra

que me encuentro bebiendo si me

dejo solo”

Por esa hembra-Sofanor Suarez

La SELECCIÓN VALLENATA, fue la tercera agrupación de la trilogía musical nacida, a mediado de los años ochenta, en la comarca del San Jorge y el Bajo Cauca. Las otras dos fueron La revelación Vallenata, de Caucasia y la Innovación Vallenata, de Montelibano, de las cuales ya nos habíamos referido. Inicialmente la conformaron ROGER MUÑOZ, en el acordeón y JULIO MEJIA, como voz líder.

ROGER FERNANDO MUÑOZ GUZMÁN, nació en el corregimiento de Arache, municipio de Chimá (Córdoba), el 5 de Enero de 1.952, en el hogar conformado por don Fernando Muñoz y doña Enmma Guzmán. El viejo Fernando tocaba “hojitas”, ese instrumento natural de los músicos provincianos del Bajo Sinú, las Sabanas de Córdoba y Sucre, utilizadas para la interpretación de aires autóctonos y que la que más se presta para la afinación es la hoja de laurel. De allí la herencia musical de Roger. En 1.958, con apenas siete años, la familia se traslada para el entonces floreciente municipio de Planeta Rica. Un tío materno, Carmelo Guzmán, quien trabajaba en la extinta empresa “Abastecedora” fue el artífice de su reubicación para buscarles un mejor vivir. En este municipio su señor padre se dedicó a trabajar en oficios varios al lado de su cuñado y más tarde, doña Enmma, ingresó al magisterio.

Como casi todo acordeonero empírico, Roger, se inició tocando concertina; pero su padre con el propósito de apoyar el talento del “pelao”, vendió dos vacas, producto de una herencia familiar; y, por $7.000, le compró un acordeón al gran Alejo Durán, quien vivía solo a una cuadra de la familia. Roger en su proceso de aprendizaje, de vez en cuando y aprovechando los ensayos del maestro Alejo, recibía instrucciones, especialmente, en la ejecución de los bajos. Al ingresar al colegio Simón Bolívar para adelantar sus estudios de bachillerato, conformó una de las versiones que tuvo el conjunto “Los Bolivarianos” integrado, entre otros, por Manuel Castro, más tarde cajero de Alejo hasta su muerte; Reynel Bedoya, en las congas y Julio Peralta, como voz líder.

JULIO CESAR MEJÍA MIRANDA, nació en el corregimiento de San Francisco del Rayo, jurisdicción de Montelibano (Córdoba), el 15 de Junio de 1.965. Sus padres fueron Julio Antonio Mejía y Juana María Miranda, heredera musical de su señora madre, una cartagenera que cantaba y tocaba violín a las mil maravillas, pero que por cuestiones del corazón se vino a vivir a las tierras sinuanas. De allí la vena poética y musical de Julio. A los doce años, debido al acoso de Julio Guerra, jefe de un grupo insurgente que operaba en la zona, para “adoctrinar” a los menores de edad, en favor de su supuesta lucha armada, la mamá se llenó de nervios y la familia se trasladó para Planeta Rica. Don Julio Antonio adquirió una “colmena” en el mercado y doña Juana María se dedicó a la modistería.

Pero nadie ha dicho que la vida es color de rosa,  Julio le tocó padecer de esa lamentable situación en que los padres, por alguna razón, se separan. Pronto le tocó enfrentar su propio destino, su propia vida y asumir la responsabilidad de ayudar al sustento de la familia, por eso traigo apartes de la letra de una hermosa canción del maestro Omar Geles. “Yo no pensé que mi vida/ iba a ser alegre, iba a ser feliz /cuando comencé a vivirla/ mi padre querido se alejó de mí……….”. Don Julio Antonio por esos designios se fue para la región de Urabá. La mamá le compró un burro y Julio Cesar, al igual que Rafael Orozco y Joe Arroyo en su niñez, se dedicó a vender agua por las calles de Planeta Rica. ¡Que coincidencia!.

Pero la venta de “agua pitalera” le abrió las puertas para conocer mucha gente y abrirse paso en la economía informal. Conoció a un amigo, Heriberto Macea, hoy residenciado en Medellín,  que vendía panes puerta a puerta, pero que los fines de semana trabajaba en la recordada discoteca “Uno y Dos”, por lo que le cedió esos turnos a Julio. Allí emprendió una nueva actividad y  a cambiar su la vida; le apareció “el pan nuestro de cada día”, no solo por el pan sino que económicamente Julio empezó a mejorar. A las diez de la mañana ya estaba desocupado y con buenos recursos en el bolsillo. Fue cuando se le ocurrió la genial idea de comprarle una guitarra a Hernán “El Piropero” de Arco, con el compromiso que le enseñara los primeros acordes. Y no solo eso, Julio aprendió a tocar el bajo electrónico y pronto “El Piropero” empezó a sacarlo a algunas presentaciones, lo que le facilitó acelerar el aprendizaje de esos dos instrumentos.

Roger Muñoz también vivió sus propias peripecias. Un fracaso sentimental lo hizo viajar a Maicao, la ciudad comercialmente más próspera de la época. Allí se dedicó a vender seguros y a otras actividades del comercio informal, pero que supo aprovechar para crecer en la música. Conoció a personajes como Adaníes Díaz, Silvio Brito, para citar algunos,  y entre parrandas y la informalidad comercial se hizo a un capital. Fue entonces cuando comenzó a comprar mercancía en aquella población de la alta Guajira y distribuirla en Planeta Rica y la región, demostrando una habilidad para el emprendimiento empresarial. Precisamente, uno de los artículos que más comercializó fue acordeones. Sin embargo estaba naciendo la video tecnología con los famosos betamax y aún con poquitos usuarios, se arriesgó a  abrir su famosa tienda “VIDEO ROGERS”. Ya posicionado en el mercado, esta vez como comerciante formal, adquirió varios instrumentos musicales y empezó a conformar su propia agrupación. El establecimiento comercial también sirvió como referente y sede musical de Roger.

Por su parte Julio Mejía, aún combinando la venta de panes con la música, conoció a mi hermano Bernardo José, en el barrio El Prado y empezó a enseñarle a tocar guitarra. Allí no solo comenzó una gran amistad con la familia, sino que empezamos a hacer música. Con mi hermano, Julio organizó “El dueto armonía”, en donde nacieron muchas de las canciones que compuso y que posteriormente presentó en festivales o que fueron grabadas por algunas agrupaciones como las de Miguel Durán y la Revelación Vallenata (Besos de olvido). Yo ingresé como voz líder, pero sumamos al grupo a un excelente guitarrista, Manuel González Molina, de la dinastía de Los Molina. Sin embargo Julio se abrió paso para otras experiencias musicales y conformó un nuevo dueto con José Guillermo Jiménez, “El dueto recordaciones”, que por muchos años interpretaban canciones de Los Visconti, el afamado grupo argentino, dada la imitación que hacia José Guillermo a la voz de Víctor. Mi hermano, Manuel y yo, creamos el “Grupo Romances” que interpretábamos boleros, vals peruanos y otros aires afines y que en aquel momento logramos también integrarnos con Elvira Piña.

Julio Mejía, dentro de ese crecimiento personal, empezó a incursionar en la fotografía. En ese momento, su señor padre regresa al hogar y le compra una cámara fotográfica. Desarrolla esa nueva actividad y todos los domingos lo encontrábamos en el atrio de la iglesia, Nuestra señora de la Candelaria, después de misa, disparando su flash a los ocasionales clientes; ingresa a la desaparecida “Cooperativa de fotógrafos de Planeta Rica”, al lado de don Juan Díaz, Mariano Delgado y otros reconocidos fotógrafos del pueblo. Esa profesión alterna aún la mantiene Julio.

“Dios los cría y ellos se juntan” dice el refranero popular. Julio continúo sus exploraciones musicales y pronto nos encontramos ensayando música Vallenata con Eduardo “El Mono” Campillo y las guitarras de Julio, mi hermano Bernardo José y Manuel González. Nos alternábamos la voz líder Julio y yo. De repente aparece en nuestro camino Roger Muñoz, que ya tenía cierta experiencia, dado sus procesos con agrupaciones propias y empezamos a seleccionar música y músicos con miras a realizar una grabación. Fue entonces cuando nació LA SELECCIÓN VALLENATA. Ingresamos Julio, definitivamente como voz líder; Manuel como guitarrista y yo como corista. Mi hermano se fue con Pacho Arroyo, también a hacer coros. La escogencia de integrantes la complementamos con José “El Kuki” Avilés, en la caja, quien formaba parte de “La Revelación Vallenata”; José Guillermo Jiménez, en la guacharaca; Jorge Peña, el hijo de “Mano Joso”, en las congas; Hernán “El Piropero” de Arco, en el bajo electrónico; Y, Carlos “El docto” Vertel, en la primera voz del coro, quien lamentablemente falleció muy joven.

En tiempo record logramos montar las canciones y con el apoyo de algunas personas, que nos respaldaron económicamente, viajamos a la capital de la montaña a grabar nuestro primer trabajo discográfico. TEMOR A QUERER, un paseo de la autoría de Omar Mancilla, ya fallecido, fue el título de este LP. Para la grabación realizada en Discos Victoria, nos acompañó en la primera voz de los coros Manuel “El May” González, un reconocido cantante de música tropical. En ese álbum aparecieron temas como “Chave”, de Pacho Rada; “Ya no estás en mi vida”, de Julio Mejía; “Mujer bonita”, de Pedro Hernández; “Campesina”, de Charles Cárcamo; “Despedida hilarista”, de Elis José Izquierdo; “Celos”, del desaparecido Manuel Benítez y el profesor Ramiro Bedoya, entre otros.

A partir de ese momento y como era de esperarse, La Selección vallenata empezó a realizar presentaciones y giras, en toda la región. Allí me inicie como animador, lo que más tarde me abrió la posibilidad de ingresar a la radio, abandonando la música y dedicándome de lleno a la locución y el periodismo.

Luego de casi dos años, la agrupación se separa y Julio conforma pareja con Edison Molina. Graba su segundo trabajo musical y vincula al grupo, como guacharaquero, al profesor y hoy gran decimero, Ricardo Olea. Precisamente en ese LP aparece una canción de Ricardo, “Presentimiento”; otros temas,  “El Caimán”, del profesor Eugenio Brú; “Felicidad”, de Miguel Agresot; “Por ser pobre”, de Omar Mancilla, por citar algunas.

Roger Muñoz llama como voz líder a un joven nacido en El Bagre (Antioquia), Beto Pastrana, no sin antes quedarse con la razón social del grupo y graba un tremendo éxito, POR ESA HEMBRA, del compositor planetarricense, Sofanor Suárez. Tema de catálogo que aún suena en las emisoras y sitios de baile en todo el territorio nacional. El álbum, titulado POR TU CULPA, fue producido por la disquera Victoria y trae temas como “La Celosa”, del maestro Enrique Díaz; “Por tú culpa”, de Sergio Moya Molina; “No me llores”, del maestro Alejo Durán. A la pareja vallenata se le abrieron las puertas para presentaciones en diversos escenarios de Colombia. Realizaron giras con Enrique Díaz por la región del Magdalena, gracias a ese tema, Roger compartió escenarios con Farid Ortiz y otros reconocidos artistas de diversos géneros musicales.

Julio se separa de Edison, quien viajó a los EE.UU, país donde aún reside. Posteriormente conforma agrupaciones, tanto para grabaciones como para presentaciones, con RAMIRO DAGER, con quien graba “Engañadora”. Más tarde con GABRIEL ARROYO Y ALVARO TEHERÁN, que quizás, según mi apreciación, es de las mejores producciones que ha realizado. Allí figuran canciones como “Folklor de mi tierra”, “Vientos de paz”, “Cumpleaños sin ti”, esta última de mi autoría. Continúa su prolífera carrera con JUANCHI BERROCAL y graba “De mi la haré enamorar”; con EVER ORTIZ, de Buenavista, el álbum “La Caimana”. Incursiona en la música tropical y graba temas como “Agua pitalera” de Remberto Martínez,  “Se secó el arroyo”, del cual hizo un video. Su diversidad en la música lo llevó a formar parte del MARIACHI MANANTIAL, de Miguel Ángel Naranjo, donde toca el guitarrón mexicano.

Roger Muñoz se casó en segundas nupcias con la docente Lía Bedoya. Algunos de sus hijos a pesar de tener mucho talento musical, no se han dedicado profesionalmente a la música. Actualmente se encuentra  restaurando su conjunto, con miras a nuevas grabaciones. Ha incursionado como compositor de música tropical y recientemente le grabaron dos cumbias, una de ellas, suena en Ecuador.

Beto Pastrana, ingresó al Cristianismo, reside en la ciudad de Medellín, luego de haber vivido por un tiempo en el vecino país de Venezuela y realiza presentaciones interpretando música Cristiana.

Por su parte Julio, quien terminó Español y literatura en la universidad de Pamplona,  es casado con la psicóloga Janeth Cecilia Villega, de cuya unión hay tres hijos, Julio Alfonso, Daniel Fernando y Alex, todos músicos y todos profesionales universitario, algo que ha sido un logro ejemplar de este carismático personaje. Acaba de grabar un trabajo musical al lado de DARIO RICARDO, acordeonero de la Revelación Vallenata. El álbum es titulado AUNQUE SE PASE EL TIEMPO y tiene como acordeonero invitado a YEISON RICARDO, hijo de Darío. Fue producido en los estudios del conocido cantante Edward Morillo, de Planeta Rica e incluye canciones como “Ha llegado el final”, de Digna Rosa Peralta; “La pensión Ocaña”, de Juan Fernández, de los Gaiteros de San Jacinto, gravada inicialmente por Andrés Landero, pero que popularizó Enrique Díaz; “Tu eres mi dueña”, de Daniel Fernando Mejía; “Por qué bebo tanto” y “Aunque se pase el tiempo”, de Julio Mejía; “La rompe corazones”, de Omar Ayala, entre otras y se perfila como éxito para este fin de año.

Medellín, Agosto 11 de 2018.

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