Confiaron en ChatGPT toda la planeación de sus vacaciones… y se quedaron varados en el aeropuerto
Una pareja de influencers españoles perdió su viaje a Puerto Rico por seguir una respuesta falsa de ChatGPT. No es el primer caso: un abogado en EE.UU. también fue sancionado por presentar jurisprudencia que nunca existió.

Lo que comenzó como una planificación de viaje rápida y eficiente terminó en una pesadilla. Mery Caldass y su pareja, conocidos en redes por sus contenidos sobre viajes y estilo de vida, llegaron al aeropuerto con destino a Puerto Rico convencidos de que no necesitaban visa ni autorización ESTA. Su fuente: ChatGPT. Su error: no verificar.
La inteligencia artificial les aseguró que los ciudadanos españoles podían ingresar al territorio sin trámites adicionales. Lo que no dijeron fue que Puerto Rico, al ser parte del sistema migratorio estadounidense, exige a los europeos una autorización ESTA previa. Al presentarse en el mostrador, las autoridades les negaron el embarque. Todo el tiempo, dinero y emoción invertidos en la escapada se desvanecieron en cuestión de minutos.
Desde las redes, Caldass lo contó con frustración: “No me fío más de ese pedazo de hijo de puta”, dijo, en una mezcla de enojo y desilusión. En el video que subió, se la ve con lágrimas en los ojos, admitiendo que el error fue suyo por no contrastar la información. Hasta bromeó con que tal vez fue una “venganza” del chatbot por sus insultos recurrentes. Pero el mensaje quedó claro: confiar ciegamente en una herramienta de IA puede tener consecuencias reales.
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Este caso no es aislado. En Nueva York, el abogado Steven Schwartz, con más de 30 años de experiencia, cometió un error similar —pero en un escenario mucho más delicado. Para respaldar la demanda de un cliente lesionado en un vuelo de Avianca, usó ChatGPT para buscar jurisprudencia. El resultado: seis sentencias que no existían. Nombres como Varghese v. China South Airlines o Estate of Durden v. KLM son ficticios, producto de lo que en el mundo de la IA se conoce como “alucinaciones”.
El juez Kevin Castel, al revisar los documentos, descubrió la inconsistencia. Schwartz y su socio Peter LoDuca tuvieron que presentar disculpas formales y se enfrentan a una audiencia judicial para explicar el error. El problema no fue la intención de engañar, sino la falta de verificación. Y es que ChatGPT, por diseño, no distingue entre verdad y ficción. Su función es generar texto coherente, no garantizar su veracidad.
Estos modelos lingüísticos de gran tamaño (LLM) aprenden de cantidades masivas de datos extraídos de internet, incluyendo información errónea o desactualizada. Cuando no encuentran una respuesta precisa, la inventan. Y lo hacen con una convicción que puede resultar convincente. No tienen memoria, conciencia ni capacidad de juicio. Solo predicen secuencias de palabras basadas en patrones estadísticos.
Tanto OpenAI como Google han advertido sobre este riesgo. Aun así, la dependencia creciente de estas herramientas en tareas cotidianas —desde planificar viajes hasta preparar argumentos legales— revela una brecha peligrosa: la confianza sin supervisión. La tecnología puede ayudar, pero no reemplaza el criterio humano. Y en temas como normativas migratorias o leyes, un error no es solo un malentendido: puede costar dinero, tiempo, libertad o, simplemente, unas vacaciones soñadas.




