VIDA Y SALUD

El debate del descanso: ¿basta con una siesta o necesitamos dormir de corrido?

Cada vez más personas reemplazan las ocho horas de sueño por siestas breves durante el día. Pero los especialistas advierten que no es lo mismo: el descanso nocturno sigue siendo insustituible.

En una rutina acelerada, muchos creen que una siesta después del almuerzo puede compensar una noche corta. Sin embargo, los expertos coinciden en que dormir por fragmentos no ofrece los mismos beneficios que un descanso nocturno continuo. El sueño es un proceso biológico complejo, con fases esenciales para la recuperación del cerebro, el corazón y el sistema inmune.

El cardiólogo Eleazar Bravo, de la Clínica Internacional, señala que el sueño ocupa cerca del 30 % de la vida de una persona y que, durante ese tiempo, se activan procesos bioquímicos que regulan la presión arterial, la frecuencia cardíaca y las funciones antiinflamatorias. Para que el descanso sea verdaderamente reparador, el cuerpo debe atravesar entre cuatro y cinco ciclos de sueño de 90 a 120 minutos cada noche.

Gino Felandro, médico internista de la Clínica Ricardo Palma, sostiene que lo ideal es mantener un sueño monofásico de entre siete y ocho horas seguidas. En ese periodo se alcanzan las fases de sueño profundo y REM, claves para restaurar la mente y consolidar la memoria. Si el sueño se interrumpe con frecuencia —por turnos laborales, estrés o malas rutinas—, el descanso pierde su efecto reparador.

Las siestas, por su parte, pueden ser aliadas si se toman con moderación. Dormir entre 20 y 30 minutos mejora la concentración y el estado de alerta, pero si se extienden demasiado o se toman tarde, pueden alterar el ritmo circadiano y dificultar el sueño nocturno. “El cuerpo está programado para descansar de noche gracias a la melatonina, y cuando ese ritmo se altera, pueden aparecer trastornos como el insomnio”, explicó el neurólogo Carlos Alva Díaz, investigador de la Universidad Científica del Sur.

Dormir poco de forma habitual, incluso con siestas frecuentes, eleva el riesgo de padecer enfermedades metabólicas, hipertensión, depresión o deterioro cognitivo. Los expertos insisten en que la calidad del descanso es tan importante como la cantidad. Un sueño reparador, de al menos seis horas continuas, es la base de una buena salud física y mental.

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