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Opinión | Se aplaude al corrupto

Por: Bibiana Cabarcas

Una sociedad que aplaude al corrupto y lo ensalza, merece su suerte, quien ofrece el soborno como quien decide aceptarlo, son dos caras de la misma moneda y ambas carecen de todo valor; pero una sociedad que, aún conociendo el entramado tejido por ambos, no solo decide mirar hacia otro lado, sino que también los apoya y los admira, construye su cepo.

Son años en los que repiten las frases de cajón de: “el roba, pero hace” o “es amigo de sus amigos” o también esta perla “con él se puede hablar”, frases que lamentablemente han hecho carrera formando parte de la cultura nacional a todo nivel, y que, han ido formando una costra dura, difícil de romper con la que se han estrellado muchos.

La corrupción no nace sola, necesita de silencios cómplices, de la indiferencia de quienes lo saben y callan y de multitudes que la ovacionan y admiran aún sabiendo la verdad. Cuando una sociedad admira al que roba, al que engaña, al que prevarica, al que abusa del poder; no solo normaliza el delito, sino que lo convierte en fuente de aspiración y por lo tanto también se convierte en cómplice de los corruptos, porque quien aplaude al corrupto, termina viviendo según sus reglas. Quien vive bajo las reglas del delito, entrega su tesoro más valioso, su libertad.

 Cuando el pueblo deja de exigir a sus gobernantes y entes de control que actúen con transparencia, cuando deja de indignarse por la falta de rigor en sus actuaciones, cuando no se castiga ejemplarmente al delincuente y se somete a vejámenes al recto e inocente, ese pueblo, está condenado al fracaso de la esclavitud y está construyendo sus propias cadenas.

El corrupto llamará a estas cadenas progreso, equidad, justicia para todos y el pueblo indolente repetirá que para qué indignarse si al fin y al cabo todos hacen lo mismo, y siguen su camino como si no fuera con ellos, como si la corrupción no los afectara, como si la corrupción no los afeara.

Escándalo tras escándalo de expolios al patrimonio de todos, sin que pase nada, sin quien pague por nada, sin que a nadie le importe y todos anhelando ser como esos que viven sabroso sin trabajar, disfrutando de las mieles de un éxito fraudulento, teniendo la absoluta certeza de que no pagarán un solo día de cárcel, porque en un mar de corruptos, hasta la justicia tiene precio.

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Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Panorama del San Jorge o del director.

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