Espiritualidad | Cada quien puede seguir sus creencias, pero sin fanatismos

En la actualidad algunos tienen una concepción algo limitada del tema de la religión, entre otras cosas, porque la ven como un conjunto de creencias rígidas y, a veces, muy distante de lo que supuestamente debe ser la espiritualidad.
Siempre he sido respetuoso de ese tema porque, al igual que muchos de ustedes, para mí la fe es la prioridad.
Todo el mundo tiene su visión acerca de lo que ve y del mundo en general. Por eso, cada mirada religiosa juega un papel importante en el que cree, sigue o profesa determinada doctrina.
Tal vez por esa consideración que se le debe tener a la forma de pensar de cada quien es que en esta página de Espiritualidad se escribe más sobre la vida, que de asuntos eclesiásticos. Porque si bien muchas religiones tienen narrativas, símbolos, tradiciones e historias sagradas que están destinadas a darle sentido a la realidad o a explicar preguntas del universo, nadie tiene el derecho a exigirle a alguien que piense de determinada manera.
Y más allá de mis propias convicciones, sé que la religión hace parte de un conjunto de creencias, de normas de comportamiento y de ceremonias de oración o de sacrificio que son propias de un determinado grupo de personas, las cuales reconocen una relación con la divinidad.
Percibo, eso sí, que algunos están pasando por un proceso de ‘doble moral’, el cual se evidencia de manera concreta en las relaciones que establecen con sus semejantes.
Hay mucha gente que dice seguir determinada filosofía y respetar ciertos mandamientos, pero en su cotidianidad dejan mucho qué desear con su comportamiento, con sus feas actitudes, con sus injusticias y con un desacertado estilo de vida.
De todas formas, el modelo de evangelización de las creencias religiosas está basado en la palabra de Dios, lo cual me parece acertado y muy útil para la cotidianidad.
Tal vez los cultos tradicionales están un ‘tilín’ anquilosados y por eso se despertó el deseo de renovar el tema de la religión.
A mi juicio, lo malo de todo esto es que se caiga en el fanatismo. Alguien que sea tan radical en este asunto se aparta de la verdad central para tomar una posición extremista, recalcitrante y atosigadora.
También hay que recordar que la Constitución de 1991 permitió la posibilidad legal de fundar grupos religiosos, aumentando de esta forma la proliferación y el ejercicio de los mismos.
Sin embargo hoy la gente busca respuestas más auténticas y compromisos reales; o sea, quiere mensajes realmente espirituales y acordes con nuestro mundo. Así las cosas, no nos podemos quedar en el rito o en los cultos, sino en el compromiso cotidiano que nos llene de fe para asumir la vida misma.
Por: Euclides Kilô




