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Espiritualidad | Debemos levantarnos

Nos corresponde aprender a superar eso que denominamos como “fracaso”. Y ello solo es posible si se asume la actitud correcta frente a él.

Cuando uno trastabilla casi siempre se va al piso y termina dándose un guarapazo. En muchas ocasiones a usted, a mí y en general a todos nos ha ocurrido eso, con el agravante de que la sombra del fracaso nos ha hecho sentir mal.

Sin embargo, antes de concebir ese traspié como una derrota o de sumergirnos en un profundo abismo, debemos analizar los ‘pro’ y los ‘contra’ del resbalón.

Porque ese ‘totazo’ no es otra cosa que una situación que nos pone a prueba y, sobre todo, que nos sirve para medir los niveles de superación y de liderazgo que existen al interior de todos nosotros.

Lo menciono porque, de manera desafortunada, en una realidad como la nuestra, más de uno se acostumbra a perder y a quedarse atornillado, dejándose impregnar por el desaliento anímico.

Es cierto: ‘tropezar y no levantarse’ se está volviendo algo habitual. Sería bueno que cada uno de nosotros asumiera con entereza las dificultades.

No podemos volvernos seres frustrados ni seguir siendo tan frágiles, emocionalmente hablando.

Ante ello es fundamental admitir que en cualquier proyecto pueden aparecer obstáculos y, por ende, hay que estar preparados para superarlos.

El camino hacia el éxito no siempre está libre de problemas y, por ende, no podemos tirar la toalla. Nos corresponde ser competentes y triunfadores. También es clave prepararnos para cuando las cosas no salgan bien y tener el valor de recomponer el trayecto.

Cuando somos conscientes de la posibilidad de perder, sin acostumbrarnos a ello, asumimos mejor cada situación, aprovechamos más la vida, nos fortalecemos y comprendemos que en nuestra existencia no siempre encontraremos el camino expedito.

Por no tener claro ese diagnóstico, ante el más mínimo tropezón nos salimos de casillas, nos deprimimos y hasta entramos en conflicto con nosotros mismos.

Hay que recuperar el ánimo, reavivar nuestras esperanzas, soñar con un mejor presente y, en general, llenarnos de fe y confianza para salir adelante, por encima incluso de las adversidades.

En mi caso personal he encontrado una buena herramienta para superarme: ¡Hablo de la perseverancia! Es algo así como insistir en mis iniciativas, sin ser terco sino propositivo.

Hay que practicar lo que Dios nos enseña; es decir, ir tras nuestros sanos propósitos con constancia, sin decaer y teniendo la certeza de que al final encontraremos la recompensa.

Más allá de ver nuestros tropiezos como derrotas, podríamos convertir esos hechos a nuestro favor.

¿Cómo hacerlo?

Admitiendo que con un nuevo panorama hay un abanico de posibilidades por descubrir, que nos permitirá probar de qué material estamos hechos.

Quienes asumen la vida con entereza sacan provecho de las circunstancias, se levantan, crecen y salen a flote. Si lo hacemos, valoraremos más todo aquello que conforma nuestro diario vivir.

Démonos la oportunidad de construir, a pesar de los tropiezos, proyectos nuevos que nos permitan crecer.

¡Dios lo bendiga!

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