Espiritualidad | ¡Démosle ya un giro a la vida y dejemos de ser cuadriculados!

Si cultivamos una mente cuadriculada siempre seremos rígidos, estaremos cerrados a nuevas ideas e incluso podemos ser totalmente previsibles. Si insistimos en no ser abiertos, seremos incapaces de ponernos en el lugar de los demás y daremos nuestra opinión como única opción. Dejemos de pensar en términos absolutos, pues la realidad está llena de detalles. Centremos nuestra mente en el presente y detengámonos en lo que verdaderamente importa.
De manera desafortunada y en más de una ocasión tendemos a hacer difícil lo que debería ser sencillo.
No sé si a usted le ha pasado, pero casi siempre estropeamos nuestro día porque algo no nos sale como lo teníamos planeado o incluso por una que otra bobada.
La verdad es que a veces somos cuadriculados y no salimos de nuestra visión, a pesar de que hay muchas posibilidades de sobrellevar nuestras cotidianidades.
Si entendiéramos que no todo tiene que estar fríamente calculado y que cada día podemos dejarnos sorprender por lo que Dios nos traiga, dejaríamos de hacernos la ‘vida a cuadritos’.
Pensemos que lo que vivimos puede ser como el ‘rompecabezas’ que llaman tangram, ese que nos hace descubrir imágenes a través de siete piezas de colores.
Es preciso flexibilizar nuestra postura, sin traicionar los principios. Dicho de otra forma: podríamos dejar de ser tan tercos y ceder en algunas cosas, en lugar de vivir amargados.
Si insistimos en ser rígidos mentalmente, seguiremos prisioneros y no podremos avanzar.
Lo anterior sin contar que ser cuadriculados debilita nuestra capacidad de adaptación, frena la creatividad y no nos deja ser espontáneos.
Dejemos de pensar que solo existe un ‘modo adecuado’ de hacer las cosas y propongámonos estar más abiertos a las transformaciones y a los retos.
¡Tranquilos! Cada día tiene su propio afán. Además siempre hay oportunidades, revanchas y salidas distintas para cada momento.
La idea de encasillarnos es algo pasado de moda, sobre todo en estos tiempos cuando todo cambia en un abrir y cerrar de ojos.
No se trata de hacer locuras ni de ir a la topa tolondra. Es aceptar el reto de vivir el día a día con la capacidad de asombrarnos y de salir adelante.
¡Frescos! Al final todo encaja y por el camino se arreglan las cargas.
Ya sabe, es importante no aferrarse a una sola forma de ver las cosas y nos corresponde mantener la mente siempre abierta.
Entendamos que la felicidad reside en la sencillez de crecer como personas libres y no como objetos programados a un libreto.
Dejémonos sorprender por la maravilla de estar vivos y entendamos que el secreto del éxito consiste en dejarse llevar por nuestra intuición y por las Manos de Dios.
Amén.
Estas son las ventajas de no ser tan cuadriculados:
- Nos relajamos: Nos liberamos de esas cuotas de estrés que nos genera el querer que todo salga como si fuera un ‘relojito’.
- Reaccionamos bien: Aprendemos a responder; es decir, nos volvemos repentistas y eso se traduce en el reforzamiento de nuestra propia confianza y creatividad.
- Pensamos en nosotros: ¡Dedicamos más tiempo para nosotros mismos!
- Nos transformamos: Aprendemos a abrir los brazos, a renovar actitudes y, sobre todo, a transformarnos para bien.
- Avanzamos: Nos atrevemos a ir más allá y estamos dispuestos a ser algo diferente de lo que fuimos ayer, por encima de los obstáculos.
- Buena vibra: Usamos los dones que Dios nos ha dado para animarnos y para brindarles a los demás una buena vibra, pues irradiamos tolerancia y optimismo.
- Todo fluye: Vivimos el día a día sin afanes y lo mejor es que todo se da en el momento preciso.




