Espiritualidad | La oscuridad pasará y todo volverá a brillar

Este es un mundo que gira a toda hora: hoy podemos estar arriba y mañana tal vez nos encontraremos abajo. Por eso, siempre será preciso ser conscientes de los inesperados cambios.
Si hay algo que nos ha enseñado esta pandemia es que no estábamos preparados para afrontar este sorpresivo giro de la vida. Y como las cosas no nos salieron como las habíamos presupuestado, nos da rabia.
Antes de esta tribulación, algunos lo tenían todo y hoy no poseen nada. Pero es precisamente en esta difícil coyuntura que debemos aprovechar para asumir, de manera decidida, una verdadera resiliencia y enfrentar lo que venga con entereza.
Hoy sabemos que somos vulnerables y, al mismo tiempo, nos dimos cuenta de que la familia, la salud y la vida misma son más importantes que las tonterías que nos mantenían distraídos antes de la llegada de la pandemia.
No nos podemos afligir eternamente porque el destino no nos salió como lo soñábamos. La alegría tiene por hermana a la tristeza; el comienzo conlleva a un final; y unos llegan mientras otros se van.
Después de la aflicción por el hecho de tropezarnos con la contrariedad, vendrá la esperanza por un mundo mejor. Nos corresponde ser fuertes para caminar a través de la tormenta y con la certeza de que, por más que llueva duro, pronto escampará.
No es cuestión de palabrerías, es solo un asunto de actitud. Tomar la dura realidad que nos plantea la vida y convertirla en un reto es un gran paso para soportar este complicado tiempo.
Lo importante no es escapar de las tormentas, sino tener confianza de que pronto pasarán y saber que ellas nos dejarán aprendizajes.
Porque podremos estar pasando por momentos turbulentos, incluso insoportables; sin embargo, saldremos más fortalecidos que nunca.
En vez de gastar tiempo suspirando y entristeciéndonos por las adversidades de nuestro mundo, es mejor poner un poco de esfuerzo para despercudirnos de tantas malas rachas.
La vida es así y los problemas aparecen. Además, la adversidad es un horno y el oro de nuestra vida se purifica en ese fuego.
Les reitero que las penalidades pueden sacar a relucir cualidades que teníamos escondidas. Todo pasa y ocurre tal y como debe ser, y también los sufrimientos se desvanecen.
La presente es una sencilla reflexión para este tiempo tan oscuro. La idea es que hoy, al levantarnos, le agradezcamos a Dios por este nuevo día que nos regala. Evitemos las caras de frustración, es mejor agradecer por estar vivos.
¡Aceptemos las circunstancias, pero sin resignarnos a sufrir!
Es el ánimo con el que afrontemos los problemas el que termina por destruirnos o por levantarnos.
Las situaciones que afrontemos son ‘buenas’ o ‘malas’, según la voluntad y la fortaleza de cada uno de nosotros.
Los optimistas no son aquellos que no ven las dificultades, sino los que no se asustan ante ellas, ni se echan para atrás.
Las vicisitudes de alguna forma nos maduran y nos hacen crecer. Eso sí, siempre debemos tener a Dios en nuestro corazón y en todo lo que hagamos.
Por: Euclides Kilô



