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Espiritualidad | Las verdaderas caras de nuestras emociones

Dicen que la cara es el espejo del alma. Y aunque podamos sonreír a flor de labios, eso no quiere decir que estemos bien. ¡Es fundamental saber cómo nos sentimos!

Es bueno que seamos propositivos y entusiastas; pero no por eso podemos creer que todo el tiempo estaremos así de plenos y de felices. Tal vez un día amaneceremos abatidos o acongojados.

No me mal interpreten, solo quiero decirles que si bien me parece acertado que exista gente optimista, no siempre será así. Mantenerse en ese estado de plenitud las 24 horas del día no es un decreto, una ley o un requisito.

¡Ni modo, hay épocas en las que nos sentimos bajos de nota! ¿O acaso no se ha levantado en esos días en los que piensa que está en un callejón sin salida y, sin saber por qué, percibe que no tiene opciones para seguir adelante?

Así como debemos apostarle a la plenitud para irradiarla, hay que poner los pies sobre la tierra y asumir que podemos pasar por días en los que no nos encontramos.

Esto no es una ‘oda’ a la tristeza, ni a la frustración, ni mucho menos a la resignación, porque nadie vino a este mundo a sufrir. Esta es solo una reflexión para comprender que, más allá de que queramos ser exitosos y felices, los malos momentos también tocan a nuestra puerta. Y si bien no hay que regocijarnos con ellos, hay que saber entender lo que nos pasa para poder sobrellevar la vida misma.

Hay que tener claro que, más allá de que nos pongamos una ‘cara de ponqué’, si no nos sanamos por dentro, la desesperación va a seguirnos a dondequiera que vayamos. ¡Creámoslo o no, todo está dentro de nosotros!

El mundo no es ‘color de rosa’. No basta con leer la Biblia o seguir estos mensajes espirituales para creer que la vida se nos resolverá. ¡Hay que ponernos manos a la obra! No podemos seguir encajonados pensando que del cielo nos lloverán las soluciones o los milagros.

Lo cierto del caso es que hay momentos en los que las situaciones que vivimos se vuelven insostenibles y afectan nuestra vida y todo lo que hacemos. Y es en esa fase, cuando tocamos fondo, que nos corresponde reaccionar y tomar cartas en el asunto.

En este sentido, un buen consejo o una actitud más sana podría consistir en observar las emociones, saber relacionarnos con ellas y tratar de aprender las lecciones que ellas nos quieren ofrecer.

Llorar, por ejemplo nos permite desahogarnos y nos libera de muchos dolores del alma; y también la terapia de la sonrisa produce efectos positivos en nuestra salud.

Simplemente hay que dejar de exigirse o de creer a juro que se está bien, porque no todo nos fluye. Es decir, la clave es lidiar bien con el malestar. Hay momentos en los que nos enfadamos y otros en los que una inusitada alegría nos invade. Es normal, somos humanos, no personajes irreales de un obra de teatro.

Por: Euclides Kilô Ardila

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