Espiritualidad | Tome la vida con calma

Por vivir de afán, la gente ha perdido la posibilidad de llevar la vida con placidez y no contempla lo que hay a su alrededor. Usted, yo y todos en general tenemos derecho a dejar que cada cosa fluya a su debido momento.
La gente se afana más de la cuenta y, por ende, se lanza a un desaforado agite cotidiano que no le permite disfrutar del momento presente ni de su debido descanso.
Si es su caso, le cuento que no entiendo por qué se obliga a vivir a toda marcha. La prisa no puede ser su estilo de vida.
Ojo: la palabra ‘pronto’ no rima a toda hora, así usted considere que todo es para ya. Yo sé que el tiempo pasa, que las oportunidades no se pueden desaprovechar y que es posible que mañana no estemos aquí, pero no hay necesidad de contestar con apuros o de forma inmediata.
Eso de convivir con la prisa es sinónimo de estrés. Lo más grave es que por querer imprimirle el acelerador a su mundo, no disfruta de nada y se la pasa anticipando un futuro que es incierto.
¡Calma, por favor! Hay tiempo para el ocio y para hacer lo que se le dé la gana, solo por el placer de hacerlo.
Esta no es una ‘oda’ a la indisciplina o a la flojera. Solo quiero sugerirle que para todo hay un espacio: se trata de repartir las horas de forma que obligaciones y ocio estén equilibrados.
Deje que la vida fluya a su ritmo y no vaya a mil revoluciones; déjeles esa agenda desaforada a los corredores de bolsa.
No se puede seguir al ‘trote de los afanes’. Destierre la idea de estar conjugando el verbo correr, pues cada cosa tiene su momento.
Excepto los deportistas, nadie está en una maratón. Por ende, un poco de pausa no está de más. Si bien las 24 horas del día pasan sin detenerse, no se puede sumergir en la velocidad que llega con el trabajo, con las preocupaciones, con los imprevistos o con la ansiedad.
Ir con un libreto rígido y cronometrado desgasta, quita el aire y, lo peor, lo hace trastabillar. Es fundamental evitar que la prisa consuma sus fuerzas. Si aprende a controlar las circunstancias que le rodean, será capaz de alcanzar lo que anhela y vivirá tranquilo.
Más allá de que su entorno siga moviéndose a mil, usted merece un descanso. Regálese cada día cinco minutos para tomar aire, para orar y para despejar la mente.
Le sugiero que tome conciencia del ritmo de vida frenético que está asumiendo. Recuerde que por intentar abarcarlo todo, puede terminar perdiendo mucho.
Si no le imprime una dosis de sosiego a su vida, se enfermará. Debe dar el primer paso y pensar más en usted, sin que lo tilden de irresponsable.
El éxito llega cuando se hacen las cosas, pero solo es un éxito real cuando actúa de una forma serena. Ir a toda prisa no le agrega valor a su vida; por el contrario, le resta.
Nadie es mejor porque le imprima el acelerador a su rutina o porque elija el estrés como su estilo de vida.
Tómese el tiempo suficiente para hacer lo que le corresponde. Es cierto que el que pega primero, impacta dos veces, pero el que disfruta lo pleno, goza más. ¡Dios lo bendiga!
Por: Euclides Kilô Ardila



