Unidad de Búsqueda y el IPC realizan encuentro de familias buscadoras de Nechí y El Bagre

Ana Isabel Martínez desapareció la tarde del 23 de septiembre de 1993 en la vía entre Moquí Arriba y Puerto Claver, en El Bagre. Ese día, como muchos otros, había terminado de vender carne, queso y chance. Se dirigía a Puerto Claver a reencontrarse con sus cinco hijos y su pareja cuando el carro en el que se transportaba fue retenido, sacada del mismo y se la llevaron. Ahí comenzó el camino de la búsqueda para su hijo Moris Martínez Barrientos.
“Nos llega la noticia a través de una hermana de mi padrastro. Después de más de dos horas de búsqueda unas personas nos advirtieron que por los lados donde estábamos no podíamos entrar porque había minas”, recuerda Moris.
Ana Isabel Martínez, una mujer indígena de cabello largo, “era sociable, trabajaba mucho por mis hermanos pequeños. Ellos, cada 8 días estrenaban ropa, hacía todo por sus hijos. Todo lo mantenía al día y era muy querida en el pueblo”, relata Moris, quien tenía 20 años cuando su mamá fue desaparecida; era el mayor de los cinco hermanos, conocía del trabajo en el campo y sabía sortear las dificultades de vivir en una región como el Bajo Cauca Antioqueño.
En 10 años de búsqueda Moris Martínez ha tocado varias puertas, recorrido muchos caminos para encontrar a su mamá. Hace algunos meses conoció a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas a través de una lideresa en el corregimiento Puerto Claver. “Ella sabe de mi búsqueda y de todo lo que he hecho, me habló de la Unidad de Búsqueda y entendí que podía ser una oportunidad”, aseguró.
Moris hizo parte del Encuentro de Experiencias de Búsqueda que realizaron el Instituto Popular de Capacitación (IPC) y la UBPD en Caucasia, donde se reunieron más de 17 familias buscadoras de los municipios de Nechí y El Bagre, quienes compartieron sus experiencias y expectativas en el proceso de búsqueda, así como la importancia de tejer redes comunitarias y sociales para encontrar la verdad.
En el encuentro se realizó, además, la toma de muestras de ADN con el fin de recopilar sus datos y cotejarlos con el banco de perfiles genéticos de personas desaparecidas, administrado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y de esta forma avanzar en la búsqueda de sus seres queridos.
“Si bien existen diferentes métodos para la identificación de personas dadas por desaparecidas, el aportar a la muestra de ADN es fundamental en el camino de la búsqueda dado que permite identificar a personas gracias a su composición genética única que solo comparten con sus familiares más cercanos. En Colombia reposan aproximadamente 30 mil cuerpos sin identificar en los laboratorios de Medicina Legal y otros lugares de inhumación, por lo cual, se debe alimentar el Banco de perfiles genéticos de desaparecidos con las muestras de todas las personas que estén buscando un familiar, pues cada cruce positivo representa el alivio del sufrimiento para esa familia”, afirmó Jéssica Sulay Sánchez Mora, coordinadora de la Unidad de Búsqueda en la subregión del Bajo Cauca Antioqueño.
Los aliados en territorio
La labor de la búsqueda es una tarea que requiere aliados territoriales que realicen sus acciones con confianza, transparencia y en especial centrando su mirada en las víctimas. En el Bajo Cauca Antioqueño, la Unidad de Búsqueda tiene convenio con el Instituto Popular de Capacitación -IPC- con el objetivo de aunar esfuerzos para el fortalecimiento de la participación en la búsqueda con comunidades campesinas e indígenas en el marco del Plan Regional de Búsqueda de la región.
“El IPC es un aliado importante por la trayectoria en esta subregión y la confianza que las comunidades han depositado en este instituto. La experticia del IPC nos aporta una clara lectura del contexto en los territorios priorizados, así como el mapeo y caracterización de sitios de interés forense, a través de metodologías de trabajo comunitario que contribuyen con la búsqueda, como líneas del tiempo, cartografía social, entre otras”, puntualizó la coordinadora.




