Jóvenes en riesgo: especialistas advierten sobre la adicción y distorsión de la realidad por la IA
Psiquiatras de distintos países reportan un fenómeno emergente: la llamada “psicosis de IA”. El uso excesivo de chatbots estaría detonando cuadros de delirio, aislamiento y pérdida de conexión con la realidad.

El auge de los asistentes virtuales ha traído consigo un fenómeno que preocupa a la comunidad médica: la “psicosis de IA”. Aunque aún no se reconoce como diagnóstico clínico, cada vez más especialistas reportan pacientes con síntomas delirantes tras mantener vínculos prolongados e intensos con modelos de inteligencia artificial generativa como ChatGPT.
De acuerdo con el psiquiatra Keith Sakata, quien ha tratado a una docena de casos en su hospital, los usuarios afectados suelen presentar vulnerabilidades previas como problemas de sueño, consumo de sustancias o antecedentes emocionales. Sin embargo, lo que enciende las alarmas es que incluso personas sin historial psiquiátrico han llegado a experimentar colapsos emocionales y crisis severas.
El fenómeno se explica por la alta capacidad de la IA para simular conversaciones humanas. Según el experto Søren Dinesen Østergaard, el cerebro entra en disonancia cognitiva al interactuar con chatbots que parecen “personas reales”, pero de las que se sabe, racionalmente, que no lo son. Esto, sumado al diseño que valida y refuerza las ideas del usuario sin contradecirlo, puede derivar en un “eco delirante”, donde pensamientos erróneos se amplifican en lugar de ser cuestionados.
Las consecuencias van más allá del plano psicológico: se han documentado episodios de aislamiento extremo, pérdida de motivación y deterioro de la vida social. Los adolescentes representan un grupo particularmente vulnerable por la plasticidad de su cerebro y su exposición constante a la hiperconexión digital. En este contexto, psiquiatras insisten en que el uso de estas herramientas en jóvenes debe estar vigilado por adultos o limitado a entornos educativos supervisados.
El riesgo surge cuando la IA pasa de ser una herramienta de apoyo a convertirse en la principal fuente de compañía y validación emocional. En esos casos, la frontera entre la interacción digital y la realidad comienza a difuminarse peligrosamente.




