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La nevera trabaja todo el día por ti: así puedes devolverle el favor y que te dure más años

No se trata de milagros ni productos especiales. Son hábitos simples, pero efectivos, los que mantienen una nevera funcionando con eficiencia. Bien organizada, limpia y usada con sentido, puede ahorrar energía y durar mucho más de lo normal.

La nevera es uno de los pocos electrodomésticos que nunca se apaga. Trabaja las 24 horas del día, los 365 días del año, manteniendo los alimentos en condiciones óptimas. Pero, como cualquier máquina, su vida útil depende en gran medida de cómo la tratamos. Y muchas veces, sin querer, la forzamos más de la cuenta.

Lo bueno es que alargar su funcionamiento no requiere reparaciones ni inversiones. Basta con ajustar pequeños detalles en el día a día. Empezando por la temperatura: lo ideal es mantener el refrigerador entre 3 °C y 5 °C, y el congelador en torno a -18 °C. Un termómetro interno ayuda a verificarlo. Si está demasiado frío, el motor se esfuerza sin necesidad. Si no lo está lo suficiente, los alimentos pierden frescura y se acelera el riesgo de desperdicio.

Otro factor clave: el espacio. Llenar la nevera hasta el tope parece eficiente, pero en realidad entorpece la circulación del aire frío. El resultado es que el compresor trabaja más para compensar, lo que se traduce en mayor desgaste y consumo. Dejar unos centímetros entre los alimentos y usar organizadores permite que el frío se distribuya uniformemente, sin que el aparato tenga que redoblar esfuerzos.

La ubicación también importa. Apoyar la nevera directamente contra la pared impide que el calor del condensador se disipe correctamente. Lo recomendable es dejar entre 5 y 10 centímetros de espacio libre en la parte trasera. Así, el sistema de refrigeración no se sobrecalienta y funciona con mayor eficiencia. Y cada seis meses, vale la pena desconectar el electrodoméstico y limpiar la rejilla trasera con un cepillo o aspiradora, eliminando el polvo que dificulta el enfriamiento.

Las puertas, por su parte, son un punto crítico. Las juntas de goma deben estar limpias y herméticas. Si están sucias o rajadas, el frío se escapa y el motor se activa con más frecuencia. Una limpieza mensual con agua y jabón neutro, junto con una revisión visual, evita pérdidas innecesarias. Y si notan que la puerta no cierra bien, cambiar las gomas a tiempo puede evitar un mal mayor.

También influye cómo usamos la nevera. Abrirla una y otra vez, quedarse mirando el interior buscando algo o dejarla abierta mientras preparamos la comida son hábitos comunes, pero costosos. Cada apertura libera aire frío y obliga al sistema a recuperar la temperatura. Pensar antes de abrir, sacar solo lo necesario y cerrar rápido reduce el trabajo del motor.

En el congelador, si no es de tipo no frost, hay que descongelar cuando el hielo supere los 5 milímetros. El exceso de escarcha dificulta el enfriamiento, reduce el espacio útil y obliga al aparato a trabajar más. Un mantenimiento periódico, con limpieza y secado adecuado, mejora su rendimiento de forma inmediata.

Y no menos importante: organizar los alimentos según su temperatura ideal. Las carnes y pescados van en la zona más fría, generalmente el fondo. Los lácteos y embutidos en los estantes del medio. Las frutas y verduras, en los cajones especiales. Y los platos listos, en la parte superior. Esta distribución no solo preserva mejor los alimentos, sino que también reduce el tiempo que la puerta permanece abierta.

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