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Cultura | La tríada de San Simón: Mezcla de fe y tradición en un terriorio zenú

Por: Johnny de la Ossa B.*

La tríada de San Simón, en San Andrés de Sotavento, es una manifestación de sincretismo religioso que refleja la autenticidad de una expresión cultural de un amplio territorio zenú, cuya mezcla cultural, que data de la última mitad del siglo XVIII, dio paso a una nueva realidad de fe sin el aún reconocimiento de las autoridades católicas.

La Academia de Historia de Córdoba, dirigida por el Dr. Fernando Corena, desde la pasada Feria Ganadera, con una exposición en el Pueblito Cordobés, y con apoyo del secretario de Cultura Departamental, William Puche, empezaron la tarea de resaltar su importancia histórica, no solo para Córdoba, sino para el país, del ritual de San Simón, con el propósito de visibilizarlo por ser una representación que combina aspectos de la tradición de los zenúes con la llegada del catolicismo a su territorio. Esta labor está apoyada por el académico Luis Jamir Polo, estudioso como pocos del tema; del genealogista Abith Pertuz Godin y de la investigadora Miriam Castillo Mendoza.

La tríada de San Simón creó una nueva expresión de fe, que en cada diciembre congrega a sus devotos para rendirle tributo a los tres San Simón: San Simón de Ayuda, San Simón Blanco y San Simón de Juego. Una forma creativa que refleja cómo el pueblo zenú ha resistido la imposición cultural, preservando su espiritualidad sin renunciar a sus raíces.

El primer San Simón, el de Ayuda, se origina en la leyenda de un campesino indígena cuando, en la última parte de los años 1700, mandó a tallar la imagen de un pedazo de tronco de un árbol que lo llamaba, y que le representaba una extraña imagen. Dicen que el labrado final, del hoy santo, reflejaba la figura de un cacique. Su ornamentación y sus rituales han sufrido cambios.

El segundo San Simón de la tríada, el San Simón Blanco, es una imagen del santoral católico traída a San Andrés de Sotavento por el cura Melchor de los Reyes Racero, como una manifestación alterna a la festividad de los indígenas, y por pedido de los blancos del pueblo, quienes por orgullo no iban donde los indios. Así adquirieron la imagen, de la que dijeron que obraba milagros, y lo bautizaron como San Simón de los Blancos, que se redujo a San Simón Blanco. El sacerdote, para resguardarlo, se lo entregó a la familia Arroyo (de los más blancos de San Andrés), donde propagaron que el santo curó a uno de ellos. De un culto particular se volvió un culto popular. Además, hoy es el patrono de los jóvenes indígenas.

El tercero y último de la tríada es San Simón de Juego o San Simoncito. Una pequeña escultura que fue introducida por la profesora Alejandrina Madrid, en las primeras décadas del siglo XX, para sus quehaceres lúdico-pedagógicos con sus estudiantes, que se convirtió más tarde en el patrono de los niños del Resguardo Zenú. También es conocido como el San Simón de la niña Aleja.

Cada diciembre, del 24 al 29, se celebran actividades en honor a estos santos ignotos para la jerarquía clerical. Y en el último día de celebración, el 29, después de una larga procesión conjunta de la tríada, que culmina en la capilla de Puerto Nicho, donde al final reposan las tres imágenes, se viene un derroche de fandango en la que sus devotos, después de pagar sus «mandas», solo piden volver a estar presente en otra festividad.

*Miembro de la Academia de Historia de Córdoba

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