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Espiritualidad | ¡Recuperemos la fe, sí podemos levantarnos!

Las adversidades suelen darnos golpes duros, sin embargo ellas nos conminan a responder de un modo u otro. Si somos propositivos, si confiamos en la misericordia de Dios y si nos ponemos manos a la obra, le haremos frente a cualquier circunstancia, por muy difícil que ella sea.

Cuando las adversidades nos derriban solemos preguntarnos el ‘por qué’ nos pasan esas situaciones y, por lo general, no encontramos respuestas o razones por tan ‘mala suerte’. Lo peor es que nuestra cabeza se puebla de pensamientos catastróficos, de miedo y de ansiedad.

Lo cierto del caso es que durante los episodios más dramáticos evidenciamos toda la crudeza de nuestra vulnerabilidad, pero al mismo tiempo podemos detectar el esplendor del amor generoso de Dios.

Y aunque al principio el entorno puede ser oscuridad, Jesús también nos da una buena capacidad de resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad de adaptarnos a situaciones difíciles.

Ser resiliente no quiere decir que las angustias se desvanezcan como si nada. De hecho, el camino probablemente siga lleno de obstáculos que afecten nuestro estado emocional; no obstante, el pensar bien nos ayuda a recomponer el camino y a no empeorar el panorama.

Es cierto que en los momentos duros el sufrimiento nos acongoja, pero haciendo acopio de entereza vemos la vida con esperanza y podemos continuar con nuestras vidas de una forma más halagüeña.

Tratemos de mirar más allá del presente y pensemos que en el futuro las cosas mejorarán. Observemos si hay alguna forma sutil en que nos sintamos mejor, mientras nos enfrentamos a las situaciones difíciles.

Aceptemos lo que el destino nos depare, pero desplegando templanza, entereza y dignidad. No estoy diciendo que debamos acostumbrarnos a sufrir; solo es cuestión de entender que las crisis no son obstáculos insuperables.

No se trata de ignorar nuestros problemas; la idea es reflexionar sobre lo que se puede hacer y tomar medidas libres de estrés y ansiedad.

Aunque podría llevarnos un buen tiempo recuperarnos de los sucesos amargos, de un evento traumático o de una pérdida, nuestro panorama puede mejorar si trabajamos en ello.

Le reitero que es una gran ayuda el poner todos nuestras afugias en las manos del Señor, sin que ello implique echarle a Él todas nuestras responsabilidades y compromisos.

La idea es ser responsables y enfrentar cada situación con la mayor serenidad posible, teniendo siempre presente que el Señor custodia nuestros pasos.

Si hoy atraviesa por una dura situación, pídale a Él con la debida fe y haga algo por superar esta crisis. ¡Verá que muy pronto su panorama cambiará para bien!

Por: Euclides Kilô A

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