¿Por qué la comida sabe mejor con las manos? La ciencia tiene la respuesta
Expertos explican por qué comer con las manos puede hacer que la comida se disfrute más.

Dejar a un lado el cuchillo y el tenedor puede parecer una falta de etiqueta en algunas mesas, pero para la ciencia es una experiencia sensorial mucho más profunda. Comer con las manos, una práctica común en muchas culturas del mundo, no solo conecta con la tradición, sino que también transforma la forma en que percibimos el sabor, según explican expertos citados en diferentes investigaciones y análisis divulgados por medios internacionales y retomados por Panorama del San Jorge.
La experta en gastronomía Kate Ng ha señalado que comer con las manos es una experiencia “profundamente placentera”. En una columna publicada en The Independent, recordó que en cocinas de África, Asia y regiones de América Latina, usar los dedos no es un gesto improvisado, sino una parte esencial del ritual de comer, donde el tacto, la temperatura y la textura preparan al cerebro antes del primer bocado.
Desde la ciencia, el profesor Charles Spence, del Laboratorio de Investigación Crossmodal de la Universidad de Oxford, explica que el sabor no depende solo de la lengua. Según el investigador, el contacto previo con la comida activa los sentidos incluso antes de llevarla a la boca, haciendo que un mismo alimento se perciba distinto dependiendo de cómo se consume. En otras palabras, tocar la comida influye en cómo el cerebro interpreta lo que estamos comiendo.
El tacto también juega un papel en el apetito. Un estudio publicado en Journal of Retailing, liderado por la investigadora Adriana Madzharov, encontró que el contacto directo con los alimentos puede hacerlos más atractivos y deseables. Esto ocurre porque el tacto intensifica la respuesta sensorial, lo que incluso puede llevar a comer un poco más, un dato relevante para entender hábitos alimentarios y autocontrol.
Otras investigaciones señalan que comer con las manos favorece una alimentación más consciente. El contacto directo obliga a ir más despacio, a observar y sentir la comida antes de ingerirla. Prácticas tradicionales, como las asociadas a la medicina ayurvédica, sugieren que este acto puede ayudar a una digestión más atenta y reflexiva, algo que muchos nutricionistas relacionan con una mejor sensación de saciedad y una relación más saludable con la comida.





