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San Jerónimo, el patrono de Ayapel

Por: Johnny de la Ossa B.

El sonido de unos cuantos recamarazos a medianoche fue no solo la señal de un nuevo día, sino la de una fecha especial para Ayapel… 30 de septiembre, día del santo patrono.

La feligresía católica se enfrentó a una vivencia de choque inusual jamás imaginada entre el sentimiento religioso y la fuerza del aislamiento que le impide manifestar su devoción por San Jerónimo. Fue una madrugada opaca como la misma noche. A grandes ratos la ausencia de energía eléctrica añadida por los nubarrones matizados con brisas, truenos y el vaivén de una lluvia, parecían aliados de la naturaleza que impedían por primera vez a los devotos congregarse en el templo. Tal vez era una señal enviada por el patrono para que los creyentes siguieran distanciados entre sí para evitarle un daño a la salud de su pueblo.

El resonar de la Banda San Jerónimo interpretando el majestuoso himno religioso con esa tonalidad que encrespa la piel a los ayapelenses en cualquier parte, para llenarlos de entusiasmo y orgullo por lo que vive el pueblo en esta fecha, no se escuchó en la tradicional serenata, como tampoco se pudieron estrechar, como de costumbre, en un abrazo aquellos fervientes devotos que vienen de lugares lejanos para estar presente, no solo en los rituales del venerable patrono, sino para reencontrarse con familiares y amigos de esta tierra, unidos por esa hermandad que genera san Jerónimo.

El templo estaba vacío, y como lo estará este día con la sola imagen del patrono, pero iluminando la fe de Dios en sus fieles parroquianos. Álvaro y Jaime Abisambra, los Miranda Buelvas, Luna, Márquez, Martínez, Miranda, Cuello, Garnica, Camargo, Delgado, Oviedo, Cerra, Aguado, Montiel, Espinoza, Torres, Cuadrado, Llanos, y muchas otras familias tradicionales que se congregaban en esos momentos alrededor del patrono, en esta oportunidad una fuerza mayor los aportó de la tradición religiosa de confraternidad, pero que no los alejarán de su creencia espiritual.

Hoy, un día diferente, las calles no estarán con la acostumbrada romería apretujada desfilando en un recorrido acompañando a la imagen del venerado patrono al compás de su hermoso himno; algunos pagando mandas, otros reafirmando su devoción y aquellos llenos de gozo esperando el inicio del festín lleno de licor.

El patrono sigue ahí en su pedestal, protegiendo a su pueblo de los embates de la adversidad.

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