Espiritualidad | Nos estamos transformando y vamos para adelante

No podemos pretender regresar a la ‘normalidad’ que vivíamos antes de la pandemia, pues el virus definitivamente nos cambió.
Es hora de desterrar las distracciones superficiales que nos ataban. Hay que avanzar con asertividad, dando pasos firmes rumbo a una sana transformación.
Obviamente el temor y la incertidumbre siguen latentes. No obstante, hay que vencer el miedo y despejar las dudas que hoy nos frenan.
Sufriremos si insistimos en apegarnos a lo que teníamos antes. Es decir, si seguimos aferrados a lo que éramos el camino será tortuoso.
No insistamos en apegarnos cada vez más de los recuerdos. ¡Nada lograremos con tales añoranzas!
Hay cosas que tenemos que aprender a dejar ir. Lo que ayer era verdad, hoy es mentira.
El apego es adictivo y nos frena. Ese estancamiento es el que nos produce ansiedad, lo que acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro.
Si bien no debemos resignarnos a ver nuestros sueños y anhelos frustrados; no obstante, urge el diseño de nuevas estrategias para lo que desde ya se conoce como la ‘pospandemia’.
Lo que ya no es útil tiene que desaparecer. Para vivir una nueva época, desprendida o libre, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
El ‘desapego’ es la vacuna para este nuevo virus del alma, que es sinónimo de la conciencia de libertad para crear y para crecer aún en medio de la adversidad.
La verdadera riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos sin forzar nada y sin que por ello tengamos que anularnos.
La vida nos movió el piso en un abrir y cerrar de ojos. Y aunque en el pasado ciertas formas de hacer las cosas nos funcionaron, ya es hora de deshacernos de ellas y de inventarnos otras estrategias que nos aporten más plenitud y bienestar.
Reitero que es tiempo de cambios y de grandes transformaciones. Asumámoslos con gallardía y sin eludir responsabilidades. De no hacerlo estaremos levantando una gran barrera para nuestro progreso personal, emocional y profesional.
Tenemos la capacidad y todo el poder para trabajar en ambientes que nos permitan descubrir otras posibilidades, sin necesidad de agazaparnos en las tinieblas o en el rol de esas víctimas que acostumbran a quejarse por todo.
Queda prohibido negarse a las oportunidades. Una dosis de valor será conveniente.
También con nuestra fuerza de voluntad podremos vencer todos los aspectos negativos, aún en lo económico o en lo financiero.
Atrevámonos a avanzar sintiendo que las cosas son posibles para explorar una nueva realidad, pero teniendo los pies sobre la tierra para no volver a cometer los mismos errores.
Descubramos esa fuerza anímica que yace en nuestro corazón y que palpita lo suficiente como para explotar todo nuestro potencial y nuestras capacidades.
Dejemos que esa energía se convierta en actividad creadora, en cambio y en evolución constante, sobre todo en la época actual, en la que debemos soltar las ‘taras’ del ayer.
¡Tengámonos fe!
Hay que recurrir a las reservas espirituales para no desfallecer en estos duros momentos.
De la seguridad, del positivismo y de la resiliencia con las que actuemos dependerán nuestros mañanas.
Sigamos confiando permanentemente en la vida misma y sobre todo en la Divina Providencia, pues así encontraremos la serenidad que requerimos.
Por: Euclides Kilô Ardila





