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Tengamos fe, Dios siempre va a nuestro lado

Dios está más cerca de lo que podríamos imaginar. Su Bendición nos rodea siempre y si tenemos la fe suficiente Él nos guiará por el camino correcto, más allá de los obstáculos que encontremos.

Todos quisiéramos tener una vida libre de problemas para poder estar en paz. Pero, más allá de ese anhelo, hay que afrontar los momentos difíciles.

Hoy sabemos que nuestra situación, tal y como nos lo evidenció la misma pandemia, puede cambiar de la noche a la mañana. El quid del asunto es cómo reaccionamos ante la adversidad.

Yo sé que el momento actual nos ha perturbado de tal modo que erróneamente creemos que es el fin. Por alguna extraña razón, tenemos la fea costumbre de ser fatalistas y agrandamos los problemas.

En ese orden de ideas pesimistas, nos acostamos con las mangas de nuestro estado de ánimo totalmente deshilachadas. Ese proceder es una fuente continua de más aflicciones.

Es clave salir de ese manantial inagotable de malos presentimientos y de angustias.

Hay que nutrir la esperanza y creer en tiempos mejores. Así las cosas, es preciso encomendar a Dios nuestros afanes y proyectos.

Siempre he creído que no se mueve ni una sola gota de agua si Dios no lo decide. Por ende, debemos pedirle a Él que el rocío de nuestra vida llegue justo en el momento que sea conveniente y preciso para nuestra existencia.

Y si lo que planteamos es algo correcto, Él siempre nos ayudará ya que siempre contaremos con su Bendición.

Claro que todo tiene su tiempo y nos corresponde tener la debida paciencia.

Mientras las cosas se nos dan, hay que pronunciar palabras alegres y optimistas. Hablemos con términos que nos prometan victorias. Si lo hacemos se nos rejuvenecerá nuestro estado de ánimo y podremos salir de esta pesadilla.

La clave es no quedarnos dando vueltas en la caldera del descontento, ni estar invocando la negatividad

¿Qué hacer?

Como en la actualidad atravesamos por una tribulación, al punto que muchos han perdido la serenidad, no hay mejor antídoto que la oración. Elevar una plegaria al cielo tiene una fuerza revitalizadora.

Además hay que tener la certeza de que nuestras angustias se desvanecerán pronto. No obstante, nos corresponde ponernos manos a la obra y jamás decaer.

No lograremos cosas diferentes sin mover ni un solo dedo para cambiarlas.

De hecho, las tinieblas internas que casi siempre nos creamos, desaparecen ante la acción y con los rayos brillantes de una mente positiva.

Cultivemos ‘nuestro medio ambiente interior’. Y es que, aunque usted no lo crea, la ‘contaminación’ que nos carcome por dentro a veces no nos deja respirar y nos atosiga con pensamientos fatalistas y deprimentes.

Empecemos a sacar la basura y no dejemos anidar el pesimismo en nuestros corazones. Deshagámonos de todo aquello que nos produzca malas energías y abrámosle campo a la esperanza.

Tengo la certeza de que todo esto que estamos viviendo, por muy duro que sea, es solo un cambio para un mejor futuro.

¡Nosotros nunca terminamos, siempre comenzamos! Pues comencemos por cambios con cosas tan elementales como la misma actitud.

El equilibrio es la mejor herramienta para superar esta complicada época y nos corresponde ser propositivos.

Pensemos en las cosas buenas de nuestro mundo y hagamos algo para salir del atolladero.

Dios siempre nos acompañará, nos protegerá y nos marcará el camino. Nunca dudemos de su poder y a pesar de que la vida nos sorprenda con tristezas no desmayemos, pues sus manos siempre nos sostendrán y sus huellas nos guiarán.

Por: Euclides Kilô A

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