Espiritualidad | Pronto retornaremos a la claridad

Debemos aprender de todo lo que nos está sucediendo y para ello es preciso acudir a las recetas de la paciencia y de la solidaridad. También sembremos la esperanza para que, con el transcurrir de los días, los efectos devastadores de esta pandemia queden sepultados por la serenidad y el bienestar. ¡Ojo, el miedo no nos puede paralizar!
Los complicados tiempos por los que pasamos nos han puesto a prueba, sobre todo porque definitivamente no estábamos preparados para vivir una pandemia de semejantes proporciones.
Sin embargo, en lugar de tener presente lo malo, lo difícil o lo negativo, deberíamos recordarnos a cada instante la maravilla de estar vivos, la inmensidad de nuestra alma, así como la pasión y la fortaleza que yace en nosotros.
Hago referencia a este tema porque veo muchas caras largas por la crisis que atravesamos. Lo peor es que cada día que pasa se unen más rostros a este pesimista reflejo de la vida.
Muchos han dejado de creer en sí mismos. Ojo, la falta de confianza no nos permitirá creer en las posibilidades de cambio y, por obvias razones, así nos resultará más difícil superar los obstáculos.
Lo que estamos viviendo, más que una coyuntura económica desfavorable o una evidente amenaza de nuestra salud, es un estado de ánimo desalentador que tiene un alto grado de contagio en nuestra sociedad. ¡No podemos permitir que el miedo se dispare más!
Es imperiosa la necesidad de ‘pellizcarnos’ para no acostumbrarnos a este panorama tan gris.
Es obvio que debemos adaptarnos a las circunstancias, pero no por ellas podemos resignarnos a que la tristeza sea la que prime en nuestra cotidianidad.
Hoy, como nunca antes, tenemos la misión de recomponer el estado de ánimo. Más vale ser optimistas que pesimistas, así muchos insistan en decir que esto va ‘de mal en peor’.
Aunque el panorama todavía sea muy incierto, es evidente que lo que está ocurriendo ya nos ha traído muchos cambios que nos han permitido apreciar más la vida: hoy ya les damos más importancia a nuestras familias, a nuestros empleos y, sobre todo, a los valores humanos.
Si bien han cambiado las circunstancias, no hay que rendirse ante lo que supuestamente será inevitable. Somos nosotros, con nuestras acciones y actitudes, los que construimos nuestro porvenir, sean cuales sean los retos.
Visualizar mejores horizontes, pensar en un mañana posible y comprender el presente en su complejidad son tareas claves para transformar el entorno y la realidad.
Nos corresponde permanecer calmados y serenos, en la medida de lo posible. Asumamos el mando de nuestra vida, entre otras cosas, para llevarnos bien y no amargarnos tanto.
No olvidemos que, pase lo que pase, tenemos el poder de escoger y seleccionar lo que mejor vaya con nuestra tranquilidad.
Debemos demostrar de qué pasta estamos hecho y ratificarle al mundo entero que somos capaces de salir adelante.




