Espiritualidad | La fe en Dios nace en nuestro corazón

Debemos tener ojos para ver y para entender la forma como Jesús sale a nuestro encuentro en esta compleja situación. Independiente de la iglesia a la que pertenezcamos, no podemos dejarnos consumir por el miedo o por la inseguridad, ni mucho menos por la ansiedad. Debemos depositar nuestra confianza en las sabias decisiones de Dios.
Los complicados momentos que vivimos hacen que muchos pierdan la fe. Eso es relativamente ‘normal’, no solo porque la gente vive con angustia por la pandemia sino también porque la crisis económica, la inestabilidad laboral y la inconformidad social atentan contra la espiritualidad.
El miedo y la incertidumbre palpitan en el aire que respiramos; y esas dos sensaciones se dibujan en las miradas y se sienten en las actitudes y en los gestos de todos. ¡Hoy nos encontramos asustados!
La fortaleza en la que nos creíamos seguros se ha tornado en debilidad: hay grietas en nuestra cotidianidad y nos sentimos vulnerables.
La época actual nos insta a desafiar a la adversidad y a ir más allá del dolor, para reflexionar sobre el sentido profundo de estas duras etapas de pandemia y de protestas.
No podemos dejar de buscar la protección y la fortaleza en Dios en momentos como estos. No importa en dónde estemos ni la religión en la que nos hayamos inscritos, debemos volver a la fe.
Eso implica discernir cómo Dios se hace presente en los actuales acontecimientos. Todo aquel que se acerque al Creador o que se haya relacionado con Él por la oración, sabe que se puede confiar en Él en medio de nuestras angustias y temores.
Más allá de la posición en la que nos encontremos, nos corresponde ser resilientes y resurgir de entre las cenizas.
Si densas tinieblas cubren la cotidianidad, no podemos permitir que la desesperanza se vaya adueñando de nosotros. El silencio aterrador y los vacíos desoladores que paralizan nuestra existencia deben ser derrotados.
Nos corresponde llegar a lo más profundo de nuestro corazón, para darle un sentido a la vida y una razón de ser.
Por fortuna muchas personas han entendido su papel en el momento actual y, tras la pandemia, han dado buenos ejemplos de superación y de solidaridad.
De hecho muchos ciudadanos, entre ellos los médicos, los sacerdotes, los labriegos y los empresarios, entre otros que veíamos a veces refugiados en sus propios intereses, han volcado sus esfuerzos para combatir esta crisis a través del acompañamiento a la gente y con iniciativas destinadas en especial a auxiliar a aquellas personas que sufren los efectos de esta emergencia social.
Al igual que ellos, nosotros debemos hacer algo para no dejarnos obnubilar por la situación. Al mismo tiempo podemos buscar un mensaje de serenidad y tranquilidad.
Hoy, más que nunca, tenemos la oportunidad de levantarnos y de recuperar la confianza en nosotros mismos para mirar hacia el frente, incluso por encima de las problemáticas que estamos padeciendo.

¿Cómo lograrlo?
Simplemente orientemos nuestra fe y recordemos cómo ha obrado el Señor en nuestra vida en situaciones anteriores. Su poder es el mismo hoy que ayer y lo será por siempre; además podemos estar seguros de que su amor por nosotros no ha disminuido.
Quienes confiamos en Él, sabemos que seremos sostenidos y ayudados; y que nada de lo que pueda sucedernos se escapará nunca de sus manos.
Sigamos cultivando la fe, la cual yace y brilla desde nuestro propio corazón.
Atravesamos por tiempos de grandes pruebas. En un mundo tan afectado y en medio de tanto dolor, debemos saber cómo mantener intacta nuestra fe, cómo brindar el mejor testimonio y cómo actuar con sabiduría frente a estas complejas circunstancias.
Por: Euclides Kilô Ardila





