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Opinión | Recesión Afectiva

Por Marcos Velásquez*

 Estado de Emergencia Económica.

 Por recesión económica entendemos “la fase del ciclo económico en la que la actividad económica se reduce, disminuye el consumo y la inversión, y aumenta el desempleo”.  Lo más característico de esta es que haya una disminución del consumo, de la inversión y de la producción de bienes y servicios, lo que hace que las empresas despidan trabajadores y como efecto, aumente el desempleo.

A la fecha, en Colombia no se ha hablado abiertamente de una recesión económica, sin embargo, las empresas después del 22 de marzo de 2020, día en que el Gobierno Nacional expidió el Decreto 457, mediante el cual se imparten instrucciones para el cumplimiento del Aislamiento Preventivo Obligatorio para todo el territorio colombiano, a raíz de la pandemia del COVID-19, han tenido que afrontar una realidad en su estructura donde su dinámica comercial y productiva se afectaron.

Como consecuencia de ello, la gran mayoría de empresas acudió, más que estratégicamente, como mecanismo de prevención a una quiebra, o reconociendo su incapacidad de funcionar sin un mercado que les brinde consumidores, a despedir, a enviar a muchos de sus empleados a casa o a disminuirles el sueldo para no tener que prescindir de ellos.

Algunas acudieron a las líneas de crédito con respaldo del Fondo Nacional de Garantías para sostenerse en el estado de emergencia económico decretado, con tal de no llegar a la medida extrema de despidos, mientras que el 42,4% de los trabajadores en Colombia, quienes trabajan por cuenta propia y el 56,4% que no son asalariados y por ende, están sometidos a su trabajo diario, al ver que de repente se les restringió su acción de trabajar para acatar las medidas necesarias que el gobierno impuso como mecanismo de control y contención al escalamiento de la pandemia, hizo que la producción de muchos bienes y servicios se vinieran a pique, con el consecuente abatimiento de los ingresos  de estos hogares vulnerables que, al no contar con mecanismos para reemplazar los ingresos que dejaron de percibir por causa de las medidas sanitarias, entraron a un estado de impotencia y estrés absoluto al no poder producir dinero para cubrir sus gastos.

Consecuencias del Aislamiento Preventivo Obligatorio.

 Paradójicamente, en Colombia, más que una clase media, existe una clase trabajadora generalizada que cayó en la trampa del “cuento chino” del Siglo XX que planteó, porque en su momento esa era la visión de futuro, que había que estudiar y sobre todo, ser profesional, para tener siempre un trabajo perdurable que brindara una estabilidad no solo financiera, sino una rutina que hiciera las horas de la vida más soportables, con tal de asegurar una pensión.

Con la pandemia y el aislamiento preventivo, esta construcción imaginaria de sociedad estable se desmoronó.  Para hacerme entender de una manera gráfica y poder trasmitir el drama que estamos enfrentando y que aun para muchos es incomprensible a pesar del malestar que estamos sosteniendo en hombros casi todos, es como si la tinaja que guardaba el agua fresca en la finca o en el rincón nostálgico de alguna familia que aún insistía en tomar de modo sano el agua a temperatura ambiente, alguien o algo la sacudió de modo brusco y al esta darse contra el suelo, se partió en más de mil pedazos de barro después de haber sido útil por años, y ahora, ya no podrá reponerse, no servirá para nada, y con pena, hay que tirarla a la basura.

Súmele a ello que esa tinaja ya no podrá ser remplazada.  No necesariamente porque no se consiga.  Puede que sí se consiga.  El problema es que las exigencias actuales del estilo de vida de hoy que impone lo desechable como opción práctica para no complicarse la vida con “vejestorios” o sentimientos que atan los afectos a un objeto que no tiene valor y que ya no entra dentro de la estética del decorado actual, más la velocidad en la que tenemos que resolver nuestras tareas cotidianas, impone que eso que en un momento fue útil, ya no sirve para nada.

Si me hago entender, el aislamiento obligatorio preventivo, en función del mundo laboral que conocimos y su sistema de generación de recursos económicos que permitía acceder tanto a las empresas, como a los trabajadores por cuenta propia como a los no asalariados a una suma de dinero  con la cual había un flujo financiero que permitía, o sobrellevar el mes o las deudas adquiridas para vivir en un sistema financiero en el que son más los gastos que las ganancias, debido a la inestabilidad económica que afronta el mundo desde hace varios años, gracias al desarrollo desmedido de la tecnología y a la pugna del mercado global entre China y Occidente, muestra abiertamente que si bien el consumo de lo básico no ha disminuido drásticamente, la actividad económica sí se redujo, las inversiones se han replanteado y el desempleo o la falta de generación de ingresos apenas empieza a ser una consecuencia visible del aislamiento obligatorio preventivo.

TIPS para no sufrir.

  1. Estamos en una recesión. Que no se haya decretado abiertamente para no generar más alarmas de las que ya existen, no quiere decir que no tengamos la responsabilidad de revisar nuestros estilos de vida en función de la realidad económica que estamos viviendo.
  2. Si bien el COVID-19 ha producido muchas muertes, tenemos que prepararnos para las consecuencias psicológicas de esta pospandemia: cuadros de ansiedad, estrés, depresión, ideas suicidas, cuando no suicidios, por la falta de elementos para afrontar estas crisis antes no vividas.
  3. Acuda a lo espiritual. Sea la oración para agradecer o indagar por lo que tiene que aprender o a la meditación.  Este trance no lo puede pasar solo.  Por el contrario, si se encierra en sí mismo aflorará la irascibilidad, los nervios y la desconfianza en los demás y usted mismo.
  4. Aprenda a alimentarse sanamente y adquiera el hábito de hacer ejercicio por bienestar.
  5. Evalúe su relaciones familiares, con su pareja, sus hijos y su circulo de influencia más cercano. Reflexione cómo está su humor en relación a los lazos sociales con ellos.  Podrá detectar que algo ha cambiado o se ha roto.  Esto a consecuencia del aislamiento, de la situación financiera, del miedo generalizado o de la impotencia de querer insistir que esto pase pronto y que todo vuelva a ser como usted conoció y concibió el mundo antes de la pandemia.
  6. Comprenda que hay una recesión económica y afectiva. Esta última puede nombrarse como la reducción de confianza en sí mismo, disminución del afecto y el deseo de estar bien con los otros, y el aumento de la ansiedad y la dependencia del otro a través de peleas y discusiones para tramitar su impotencia de modo inconsciente.

*Facebook: Marcos Velásquez

Twitter: @marcosdariovm

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