Espiritualidad | No siempre se llega primero y no por eso se acaba el mundo

Podemos ir sin prisa y, al mismo tiempo, sin pausa. ¡Cada quien le imprime su propio ritmo a la vida!
Una controvertida frase, que suele ‘hacer carrera’ en los torneos y que incluso es una filosofía para muchos competidores profesionales, reza así: “Después del primero, todos son perdedores”.
También se dice, de manera capciosa, que “el segundo siempre será el primero de los perdedores”.
No sé si esté de acuerdo o no con ese ‘juego de palabras’, pero soy de los que piensa que no hay que afanarse tanto por ser el vencedor.
No todo tiene que salirnos perfecto y, sin ánimo de ser resignados, la misma cotidianidad suele presentarnos desvíos inesperados.
La vida no es un libreto que se tenga que cumplir al pie de la letra. Además, “no hay mal que por bien no venga”.
¿A qué voy?
A que definitivamente se puede tener una visión optimista de la realidad, pero ella también puede contemplar contrariedades. No obstante, de todos los traspiés se pueden extraer enseñanzas e incluso muchos de ellos nos permiten reinventarnos.
Tal vez no deberíamos ir por la vida más rápido, sino más concentrados. Y si algo que soñamos no nos sale, no es el fin del mundo. No podemos sumergimos en la frustración solo porque lo que habíamos presupuestado no se nos cristaliza.
Por el afán de ser el líder y ganar a como dé lugar, vivimos de prisa y vamos nutriendo la ansiedad que nos limita y nos impide disfrutar el presente.
La verdad es que perdemos demasiada energía preocupándonos por los resultados finales. Así las cosas, nos perdemos el paisaje que nos ofrecen los recorridos de la vida.
Si aprendiéramos a disfrutar el ‘día a día’, con sus altas y bajas, no viviríamos tan amargados.
Debemos aprender a dosificar nuestras acciones, a controlar nuestras actitudes y sobre todo a tranquilizar la mente.
No ganar no significa perder. Cada competencia deja lecciones y experiencias de vida, y también nos permite ser resilientes.
No podemos hacer todo al mismo tiempo. Debemos comenzar de a poco para ir despejando el camino. ¡Claro! Hay que tener presente que, a medida que avancemos, las cosas pueden tener giros insospechados.
Reitero que es indispensable disfrutar el camino, sin caer en la trampa de que solo debe existir un final. La meta la vamos alimentando y rediseñando en la medida en que las circunstancias se nos vayan dando.
No les tengamos tanto miedo a los imprevistos o a los tropiezos, todos tienen un sentido y una razón de ser.
Lo que venga, recibámoslo con dignidad. Finalmente al lugar donde pretendamos ir se llega sin prisa y, al mismo tiempo, sin pausa. Todo se debe asumir bajo la serenidad del momento que nos corresponda vivir.
BREVES REFLEXIONES

1. Que pase lo que tenga que pasar.
2. Que llegue quien tenga que llegar y que sea bienvenido.
3. Que se vaya quien se tenga que ir y que se le deseen mil bendiciones.
4. Que se tome la decisión que se deba tomar.
5. Y si su historia debe terminar, que usted ya haya hecho lo suficiente.
* No hable de lo que no ha visto ni condene lo que usted jamás ha sentido. Cada uno sabe el dolor que carga, el peso que lleva, la dificultad por la que atraviesa y las batallas que debe librar. Todos tenemos nuestras propias historias de vida y, por ende, nadie distinto a nosotros puede criticar nada.
* La acumulación de pensamientos negativos crea un patrón de conducta que, a la larga, perjudica gravemente al afectado. Jamás permita que la ignorancia, el odio, la envidia y el tono pesimista de ciertas personas le dañen el día. No permita que nada le frene sus posibilidades de ser feliz.
Por: Euclides Kilô Ardila




