Espiritualidad | Se necesita determinación para sanar las heridas del alma

Cada uno de nosotros es responsable de las reacciones ante cualquier situación en la que nos vemos afectados. Es preciso tener determinación para salir adelante y tomar las decisiones que nos sanen el alma.
Muchos médicos sostienen que algunos de sus pacientes no tienen ningún mal físico y que las únicas enfermedades que los acompañan son sus sentimientos de tristeza, de frustración y de desaliento.
Lo más grave es que estas personas, que registran profundas grietas en el alma, van por la vida sin ninguna esperanza, sienten rechazo de sí mismas y de los demás, desarrollan una baja autoestima y se funden en un peligroso negativismo.
Ante ese diagnóstico tan desalentador será clave superar los obstáculos, sobreponerse a las circunstancias difíciles y, sobre todo, no permitir que los problemas los hundan. ¡Esos consejos se leen prácticos, pero no siempre son fáciles de asumir!
Es urgente lograr la transformación y una renovación que obre en el entendimiento de cada persona, para que nadie se deje atosigar por los tropiezos. Se trata de una terapia que le permita a cada quien encontrar las salidas a sus dificultades, neutralizar los problemas y sanar las heridas del alma.
Son precisas varias recetas esperanzadoras y vitamínicas, entre otras cosas, porque ellas son reguladoras del organismo y del alma. Si bien ellas no tienen ningún aporte calórico, son importantes en innumerables situaciones por las que atravesamos.
Por eso, en nuestra cotidianidad, nos conviene una buena cucharada de consejos espirituales para ver la vida con más ánimo y optimismo.
Y aunque es obvio que en esto será fundamental la fe, ella no implica que pretendamos creer que con Dios todo queda resuelto en nuestra vida y que no tendremos más afugias.
Muchos de nuestros problemas se encuentran en nuestra alma, que suele estar herida todo el tiempo. Solo con voluntad, fe y decisión podremos sanarnos.
Usted, yo y todos requerimos de determinación para enfrentar las vicisitudes. Es clave estar conectados con Dios. Sin embargo, sin una decisión férrea de querer salir adelante no se podrá fluir correctamente, ya que los recuerdos amargos del pasado reaparecerán para perturbar las fisuras que no han sido reparadas en el interior.
Dicho de una manera más directa: sanar nuestras heridas no depende de Dios, sino de la elección o de la decisión que tomemos a través de la voluntad.
Quitemos todo aquello que nos impide garantizar un crecimiento espiritual. Desde hoy, renunciemos a la amargura, al pasado tormentoso y a las frustraciones. Cuando tomemos la determinación y la decisión de asumir la vida nos sanaremos de verdad.
Por: Euclides Kilô Ardila


