OPINIÓN

Opinión | Haces falta

Bueno, aquí estamos de nuevo. Me ausenté de este espacio y, entre una semana y otra, el “no pude” terminó volviéndose costumbre.

A veces nos ponemos nuestras propias talanqueras. Tenemos una explicación para quienes preguntan y otra, más generosa, para nosotros mismos. El trabajo, los viajes, los nuevos retos. Todo va sumando hasta que llegamos a creer que no hacemos falta.

Pero un día, en una conversación cualquiera, alguien pregunta por qué dejaste de escribir. Y te quedas pensando. Esos diretes que soltabas en un papel o en una pantalla eran parte de una conversación que habías dejado a medias.

Pienso que así mismo pasa en la vida de todos. También en la tuya, que estás invirtiendo unos minutos en estas líneas. Ocupas un espacio y, al dejarlo vacío, puede haber alguien que te extrañe. Un amigo, alguien de la familia, los compañeros de esa actividad que tanto disfrutabas.

Entonces, ¿por qué seguimos aplazando el regreso?

En El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, el zorro dice: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres”. Pienso en esas pequeñas citas que vamos construyendo con otros, a veces sin darnos cuenta. La llamada, la visita, la conversación. Uno anda resolviendo sus afanes y, del otro lado, alguien tiene ganas de que llegue la hora de encontrarnos.

Poder hablarles por escrito es un privilegio que se agradece con continuidad. Me gusta poner temas sobre la mesa y participar de una conversación. Me sabe. Pero disfrutarlo también exige buscar el tiempo. Las ganas, por sí solas, no resuelven eso.

Así mismo nos pasa con tantas cosas que gozamos y vamos abandonado. Por más retos y nuevos horizontes que se abran, vale la pena cuidar los lugares donde nos quieren y donde queremos estar.

Puede que alguno diga: “¿Y este quién se cree? ¿El padre Linero? ¿Habif?”. No escribo esto para repartir lecciones. Me toca empezar por hacer mi parte: volver a este espacio y corresponder al tiempo que ustedes dedican a leer estas líneas.

No siempre podremos regresar como antes. Habrá distancias, horarios y responsabilidades. Pero quizá podamos llamar, hacer una visita o reservar un rato para retomar lo que nos gusta.

Hacemos falta para bien, incluso en pequeños espacios. A veces alguien nos lo recuerda; otras, hace falta aparecer para descubrirlo.

Por aquí, vuelvo a mis ocurrencias. Ojalá tú encuentres un motivo para retomar las tuyas.

Como se le oye al maestro Carlos Vives: “Bueno, y aquí estamos de nuevo”.

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