OPINIÓN

Opinión | Después de las elecciones

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

Lo mejor de las pasadas elecciones presidenciales, es precisamente eso, que ya pasaron.

La avalancha de insultos, de improperios, y en general, de toda clase de bajezas, demuestran que este es un país enfermo, en el que la decencia no tiene cabida y en el que están llamados a figurar aquellos que más escándalo hagan, que más dividan y polaricen, pues aplican a la perfección lo de dividir para reinar.

Reconozco, en un claro acto de renuncia al sigilo del voto, que no voté por Gustavo Petro, pero ello no me impide desearle un buen gobierno, no porque sea pecado augurarle mal al prójimo, si no porque está en juego el futuro del país. Por ello, en un acto precisamente de decencia, de altura y de patriotismo, quienes no simpatizamos con él deberíamos comprometernos a no darle de su propia medicina, sí, en la vida no siempre es sano devolver lo recibido. Así, a partir de este momento, nadie debe empeñar sus esfuerzos en desprestigiar un gobierno que ni siquiera ha empezado, las bodegas de la injuria y la calumnia deben desmontarse, el llamado a la movilización violenta disfrazada de legítima protesta debe ser erradicado; y en lugar de todo ello, acoger a un Petro que parece, si me permiten el término, deconstruir su personalidad.

En el discurso del pasado domingo observé a una persona con intención de unir al país, dejar de lado los odios y “construir una política del amor”; lo anterior es plausible, bajo el entendido de que todos tenemos derecho a cambiar, pues, si comparamos esta nueva versión de Gustavo Petro con la del personaje que perdió las elecciones del 2018, ya no hay llamados a movilizaciones populares ni predicciones en el sentido de que el gobierno entrante sería su mejor campaña, en un claro deseo de fracaso para el neófito Iván Duque, sin importar llevarse por delante al país. Claro está, esta vez es él el vencedor, y su contrincante demostró altura al reconocer los resultados sin amenazar venganza.

Ahora bien, resta esperar que el candidato Petro dé paso al presidente en que se convirtió, lo que implica cumplirle a ese medio país que dentro de un ambiente de desesperanza, exclusión y abandono, ve en él la reivindicación de sus derechos, porque para nadie es un secreto que existe una Colombia resquebrajada que merece un mejor futuro. De igual modo, debe controlar la incontinencia verbal que a veces parece asaltarlo, y entender que entidades como la Fiscalía y la Procuraduría gozan de independencia, por lo que no tiene presentación impartirles órdenes.

Por último, a los desesperanzados con el resultado electoral, sobra recordarles que aquí cabemos todos, que nuestras instituciones son sólidas y que la democracia precisamente consiste en permitir la participación en la institucionalidad de quienes tienen posturas distintas, y que no se reduce “al derecho que tienen los piojos a comer de los leones porque son mayoría”.

*Abogado

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