Mañana, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Colombia vive uno de los momentos más importantes de su democracia. Sin embargo, más allá de elegir a un presidente, este es un ejercicio que nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos y como territorio, mediante el ejercicio democrático e individual del voto.
El departamento de Córdoba, una tierra rica en recursos naturales, diversidad cultural y potencial productivo, el voto no puede ser un acto automático e indiferente. Debe ser un voto consciente, informado y responsable, que entienda que las verdaderas transformaciones en nuestros territorios con grandes disparidades, no depende únicamente de quien llegue a la Presidencia, sino de la capacidad que tengamos como sociedad para construir de manera conjunta.
El próximo presidente de la República sigue con el gran reto gobernar con todos y para todos, pero también de articularse con los liderazgos regionales, con los gobiernos departamentales, municipales, sector privado, academia, organizaciones sociales y comunidad civil, solo a través de esa articulación será posible que los recursos lleguen de manera eficiente a los territorios y se traduzcan en oportunidades para la gente, teniendo coherencia con la forma como que administrativamente se distribuye el presupuesto Nacional.
Córdoba necesita precisamente eso: una visión compartida de desarrollo, donde se aproveche su riqueza agropecuaria, turística, cultural, minera y energética, pero con responsabilidad social, ambiental y con respeto por los derechos de los trabajadores. No se trata solo de crecer, sino de hacerlo de manera sostenible y equitativa.
Como mujer lidera comprometida con mi territorio, hago un llamado a la unidad y al diálogo. No podemos permitir que las diferencias políticas nos dividan como sociedad. Por el contrario, este debe ser un momento para reconocernos, escucharnos y entender que, más allá de las posturas, todos buscamos un mejor futuro para nuestras familias y nuestras comunidades, ante todo las dispersas y profundas.
También es fundamental recordar que la baja participación electoral debilita nuestra democracia. Si no votamos, renunciamos a nuestra voz y a nuestra capacidad de incidir en el rumbo del país. Por eso, hoy más que nunca, invito a todos los cordobeses a salir a votar en paz, con esperanza y con convicción.
Porque al final, no es un presidente quien transforma un país. Somos todos, desde cada territorio, desde cada decisión consciente, quienes construimos el presente y el futuro de Colombia.



