
Como ocurre casi todas las semanas, el gobierno nacional está envuelto en un nuevo escándalo, esta vez por las desafortunadas y nada diplomáticas declaraciones que dio el propio presidente Petro a la mano derecha de Donal Trump en materia de seguridad, Kristi Noem.
Y no es poca cosa lo que se nos viene pierna arriba a todos los colombianos por culpa del deslenguado del presidente y su declarado “amor” a la banda delincuencial Tren de Aragua, ya que, seguramente y después de muchos años, Colombia será descertificada y esto traerá serias consecuencias.
Poniendo en contexto la situación, el pasado 27 de marzo, la Secretaria de Seguridad de Estados Unidos, Kristi Noem, estuvo en reunión privada con el presidente colombiano Gustavo Petro, y éste hizo alarde de dicha reunión en sus redes sociales, destacando la fructífera reunión y la buena impresión que la funcionaria se llevaba de Colombia. Sin embargo y pasados algunos días, en entrevista concedida por Noem a un medio de comunicación, manifestó que; “la reunión con el presidente Petro se prolongó por hora y media, cuando su duración estaba programada para media hora. Durante media hora el presidente Petro habló mal y se quejó del presidente Donald Trump y de cómo los miembros de la banda criminal tren de Aragua solo eran personas que necesitaban amor y comprensión”. De no creer, semejante afirmación de todo un presidente ante la jefe de seguridad del país más poderoso del mundo y que está persiguiendo y deportando a los miembros de esta banda.
Ante las declaraciones de Noem, Petro salió a defenderse y a echarle la culpa al traductor ya que ni él ni la canciller hablan inglés; a decir que la Noem era una mentirosa, que él jamás dijo lo que dijo, que nunca habló mal de Trump y a renglón seguido manifestó que efectivamente el piensa que el tren de Aragua son unos jóvenes excluidos por la migración forzada ya que vivián bien en Venezuela y se vieron forzados a hacer todo lo que hacen. Unos pobres angelitos, según Petro.
Todo el mundo reconoce en el Tren de Aragua a una banda criminal trasnacional, con incidencia en varios países como Chile, Perú, Ecuador, Colombia y ahora Estados Unidos, son muy peligrosos y brutales a la hora de actuar y ejecutar sus crímenes; no son unos jóvenes que perdieron el rumbo y se vieron forzados a delinquir, son delincuentes profesionales y así son tratados por el gobierno norteamericano y en todos los países en donde han extendido sus tentáculos.
La imagen de Colombia y de su gobierno quedó por el suelo.
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