Después de los 30, entrenar fuerza ya no es opcional: así impacta en tu cuerpo y mente
El entrenamiento de fuerza después de los 30 años no es solo una opción estética, sino una necesidad para mantener la salud física y mental. El médico deportólogo Alejandro García lo explica con claridad y evidencia.

En una reciente entrevista del ciclo El Puente, conducido por Julieta Puente, el médico deportólogo Alejandro García (MN 106.404) explicó por qué es fundamental incorporar el entrenamiento de fuerza a partir de los 30 años. A medida que el cuerpo envejece, la masa muscular disminuye y con ella, funciones clave para el bienestar integral.
García derribó mitos comunes, como el miedo a “masculinizarse” que aún persiste entre muchas mujeres. “Es fisiológicamente imposible desarrollar la musculatura de un hombre sin intervención farmacológica”, aseguró. Además, señaló que estas creencias provienen de una visión cultural que durante décadas vinculó los ejercicios de fuerza con lo masculino, marginando a las mujeres de estos espacios.
Más allá de la apariencia, los beneficios del entrenamiento de fuerza son múltiples. Mejora la postura, la salud cognitiva, la piel, el ánimo y ayuda a prevenir enfermedades como la diabetes, el Parkinson o el Alzheimer. “El músculo es un órgano endocrino”, explicó García. “Se comunica con el metabolismo, el sistema nervioso y hasta con la microbiota intestinal”.
Según el especialista, no hace falta acudir al gimnasio ni tener equipamiento costoso. “Se puede entrenar con el peso del propio cuerpo, una mochila con libros o incluso una silla”, indicó. Lo importante es mantener la constancia, aunque sea con sesiones cortas. “Quince minutos bien hechos valen más que una hora mal aprovechada”, destacó.
García también advirtió sobre la importancia de comenzar cuanto antes: “Hay estudios que muestran que incluso mujeres de 80 o 90 años mejoran al entrenar fuerza. Nunca es tarde. Lo importante es empezar”. Concluyó que la fuerza no es solo una herramienta física, sino un pilar para envejecer con salud y autonomía.



