VIDA Y SALUD

Dormir la siesta no es pereza: Una experta revela el secreto para que funcione

Dormir una siesta corta puede ser una aliada para la salud cerebral. Pero, si se hace mal, podría jugar en contra.

Tomar una siesta breve —de entre 20 y 30 minutos— puede ser una solución efectiva para quienes no descansan bien durante la noche. Según Milagros Merino Andreu, experta en sueño y expresidenta de la Sociedad Española del Sueño, esta práctica ayuda a mejorar el estado de alerta, recargar energía y mantener la agilidad mental, siempre que no se extienda demasiado. Si se supera ese tiempo, el cuerpo entra en una fase de sueño profundo que provoca somnolencia residual y desorientación al despertar.

La siesta, además, podría tener un impacto directo en la salud cerebral. Investigadores del University College de Londres encontraron que quienes la practican regularmente presentan un mayor volumen cerebral, equivalente a una diferencia de hasta seis años en envejecimiento neuronal. Este efecto protector estaría relacionado con la reducción de la inflamación y la mejora de las conexiones neuronales, afectadas cuando el sueño nocturno es deficiente.

Sin embargo, no se trata de reemplazar el descanso nocturno, sino de complementarlo. Dormir bien sigue siendo la prioridad, y la necesidad constante de siestas podría ser una señal de alerta sobre la calidad del sueño durante la noche. Un consejo útil es el «power nap» con café: tomar una taza antes de acostarse unos 15 o 20 minutos. Para cuando uno despierta, la cafeína ya empieza a hacer efecto y se potencia la sensación de energía. Así, la siesta deja de ser un lujo y se convierte en una estrategia saludable para enfrentar el día.

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