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Opinión | Puño arriba moral por el suelo

Por Bibiana Cabarcas

El pasado 20 de julio durante la instalación del nuevo periodo de sesiones del legislativo, el presidente de Colombia Gustavo Petro, dio inicio a la que será su última legislatura. Acompañado de sus más fieles escuderos, a quienes eligió, precisamente porque no lo cuestionan y porque le acolitan todas sus fantasiosas propuestas, dirigió su tradicional discurso ponderando las obras de su gobierno y los beneficios que éste le ha traído al país.

En medio de pancartas a favor y en contra de su gestión como gobernante, se destacaba la imagen de Miguel Uribe Turbay, quien ya ajusta más de un mes en UCI con pronóstico reservado, luego del atentado que casi le cuesta la vida. El discurso del mandatario, lleno de puntos a favor de su gestión en el departamento de Antioquia, fue interrumpido por la oposición, que se hizo sentir, con máscaras de papá Pitufo, recordando el escandaloso caso de las financiaciones ilegales de su campaña.  Durante dos horas. El actual mandatario habló de lo bien que le va al país desde que él es su presidente, visión que fue aplaudida a rabiar por los miembros del pacto histórico que no se cansaron de vitorearlo.

Después del discurso presidencial vino la réplica de la oposición, que en cabeza de la representante Lina Garrido, del departamento del Arauca, expresó lo que muchos colombianos le han querido decir al presidente; que su gobierno no tiene nada que mostrar, que ha sido nefasto para Colombia, que los escándalos de corrupción son insuperables y que es una vergüenza él y sus ministros. También la representante Garrido le enrostró al presidente que engañó a todos los que creyeron en su proyecto político, incluyéndola a ella que votó por él, y que utilizó a la vicepresidente, a quien señaló de no ser digna y dejarse usar.

Mientras la representante Garrido lanzaba su dura réplica, a una mirada de Benedetti al presidente, éste alzó su puño desafiante al aire, seguido de todo su gabinete, cual saludo nazi, y enseguida se levantó y se fue, en compañía de su séquito de áulicos, el más vehemente de todos, el pastor Saade que a voz en cuello gritaba, “reelección, reelección”. A estas alturas ya nadie duda que esto es lo que quieren, la reelección.

Aún se habla de esta intervención de Lina Garrido, y de la valentía de enfrentar al gobierno, ya que tiene amenazas de muerte por parte de las disidencias de las Farc y del ELN, además ya cursa en su contra una denuncia de Armando Benedetti. Lo mínimo que se le pide al actual gobierno es que se le garantice a la representante Garrido su integridad física y a toda la oposición la libertad de disentir, sin que sufran atentados, así como lo hizo el actual presidente durante tantos años.

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