VIDA Y SALUD

¿Bajar 7 kilos en dos semanas? La dieta que dice ser de la NASA y que los expertos desaconsejan

Aunque suena científica y eficaz, la llamada “dieta de la NASA” no tiene respaldo oficial ni aval médico. Promete perder hasta 7 kilos en menos de 20 días, pero su extrema restricción calórica la convierte en un riesgo para el organismo.

Circula en redes y portales de salud una dieta que promete resultados rápidos: perder hasta 7 kilos en menos de tres semanas, con un plan que supuestamente siguen los astronautas. Su nombre —“dieta de la NASA”— le da un aire de credibilidad científica, como si estuviera diseñada en laboratorios espaciales. Pero la realidad es otra: ni la agencia espacial estadounidense la recomienda, ni existe evidencia de que sus tripulaciones la sigan.

Lo que sí tiene es un enfoque extremo. Se trata de un régimen hipocalórico que limita la ingesta diaria entre 500 y 700 kcal, muy por debajo de las necesidades energéticas de un adulto, que ronda entre 1.800 y 2.200 kcal según el sexo, edad y actividad física. El plan se extiende por 13 a 21 días, con menús estrictos y sin margen para variaciones: cada día tiene combinaciones fijas de proteínas magras, frutas y verduras, mientras elimina casi por completo carbohidratos, grasas —incluso las saludables— y alimentos procesados.

El mecanismo es simple: al reducir drásticamente las calorías, el cuerpo entra en déficit energético y comienza a usar sus reservas de grasa. Eso explica la pérdida de peso inicial. Pero también desencadena efectos adversos. Según especialistas consultados por medios como El Mundo y Mejor con Salud, esta restricción representa apenas el 30% de lo que necesita un organismo para funcionar con normalidad. A esa cifra, el metabolismo basal se ralentiza, afectando funciones celulares, la energía disponible y el equilibrio hormonal.

Además, la dieta es nutricionalmente desequilibrada. Al eliminar grupos alimenticios esenciales, se pierden vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes. No hay espacio para cereales integrales, frutos secos ni grasas insaturadas, claves para la salud cardiovascular, cerebral y digestiva. A mediano y largo plazo, este tipo de alimentación puede provocar deficiencias, debilidad muscular, caída del cabello, alteraciones del ritmo cardíaco e incluso trastornos alimenticios.

Otro riesgo conocido es el efecto rebote. Tras finalizar el plan, muchas personas retoman sus hábitos anteriores y el cuerpo, en modo de supervivencia, recupera el peso rápidamente —y a veces con saldo adicional—. Este ciclo de pérdida y recuperación de kilos no solo desmotiva, sino que puede dañar el metabolismo de forma persistente.

Los profesionales de la nutrición coinciden: no hay atajos seguros para perder peso. Una alimentación sostenible se basa en la variedad, el equilibrio y la moderación. Incluir frutas, verduras, proteínas completas, lácteos, cereales integrales y grasas saludables no solo nutre el cuerpo, sino que permite disfrutar de la comida sin culpa. Y eso, a la larga, marca la diferencia.

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