¿Aliado o enemigo? Esto es lo que ocurre en tu cuerpo al masticar chicle
Mascar chicle parece un gesto inofensivo, pero su consumo frecuente tiene efectos que van desde mejorar la concentración hasta afectar la salud bucal y digestiva.

El chicle es una de las golosinas más extendidas en el mundo. Aunque muchos lo utilizan para calmar la ansiedad, entretenerse o combatir el mal aliento, no siempre se conocen sus consecuencias para el organismo. Su impacto depende tanto de la frecuencia con la que se consume como de los hábitos de higiene que acompañan este hábito.
Entre los aspectos positivos, estudios han demostrado que mascar chicle puede reducir los niveles de cortisol en la saliva, lo que ayuda a disminuir el estrés y mejorar la concentración. Además, genera sensación de saciedad, lo que permite controlar el apetito, y estimula la producción de saliva, favoreciendo el tránsito de los alimentos y neutralizando la acidez estomacal.
No obstante, los especialistas también advierten sobre sus riesgos. Los chicles azucarados pueden favorecer la aparición de caries y contribuir al aumento de peso. Incluso las versiones “sin azúcar” contienen edulcorantes como aspartamo o sorbitol, que en exceso pueden provocar molestias gastrointestinales. Asimismo, el consumo habitual puede causar desgaste en la articulación mandibular y molestias al masticar.
Otro detalle poco conocido es que algunos chicles incluyen lanolina, una sustancia derivada de la lana de oveja que mantiene la goma suave. Aunque no se ha demostrado que sea dañina, tampoco se han confirmado sus posibles efectos a largo plazo.
El consenso entre los expertos es claro: consumir chicle con moderación no tiene por qué ser perjudicial, siempre y cuando se acompañe de una correcta higiene bucal y se evite el exceso.


