VIDA Y SALUD

Dormir seis horas puede ser más reparador que ocho: la ciencia lo explica

Dormir ocho horas no garantiza un buen descanso. Expertos en neurociencia explican que completar ciclos de sueño es más importante que la cantidad de horas dormidas.

Dormir más no siempre significa descansar mejor. Aunque las recomendaciones médicas señalan entre siete y nueve horas de sueño por noche, diversos estudios en neurociencia y cronobiología han demostrado que la calidad del descanso depende más de los ciclos del sueño que de la cantidad de horas dormidas. Por eso, una persona que duerme seis horas continuas puede sentirse más recuperada que otra que duerme ocho horas interrumpidas.

El sueño se organiza en ciclos de 90 minutos, que se repiten entre cuatro y seis veces por noche. Cada uno incluye tres fases de sueño No REM, desde el adormecimiento hasta el sueño profundo, y una fase REM, en la que el cerebro se mantiene activo procesando información y emociones. Cuando estos ciclos se completan de forma natural, el cuerpo logra un descanso verdaderamente reparador.

Según la National Sleep Foundation y el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS) de Estados Unidos, lo ideal es despertar al final de un ciclo, cuando el cuerpo está en una fase ligera del sueño. Hacerlo en el momento equivocado, como durante la fase profunda o REM, puede generar inercia del sueño, una sensación de pesadez y confusión que impide rendir bien durante el día.

El ritmo circadiano, ese reloj biológico interno regulado por la luz solar y las rutinas diarias, también influye de forma determinante. Cuando se respetan los horarios de descanso, el cuerpo sincroniza sus ciclos de manera natural, facilitando que el despertar sea más suave y con mayor energía. Alterar ese ritmo, en cambio, provoca desajustes que explican por qué algunas personas se sienten agotadas pese a haber dormido más tiempo.

Los estudios más recientes también revelan que el sueño profundo fortalece el sistema inmunológico y favorece la reparación celular, mientras que el sueño REM impulsa la memoria y el aprendizaje. En deportistas, incluso, se ha comprobado que dormir menos pero con ciclos completos mejora la recuperación muscular y la capacidad de reacción, frente a quienes duermen más pero con interrupciones.

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