¿Comes mucho atún en lata? Expertos explican cuándo puede convertirse en un riesgo real
El atún en lata sigue siendo el salvavidas de muchas cocinas colombianas, pero su consumo frecuente despierta dudas sobre el mercurio y la seguridad alimentaria.

En la región Caribe, donde resolver una comida “rápida pero buena” es casi un arte, el atún en lata se ha vuelto un aliado infalible. Pasta, arroz, sándwich o ensalada: lo abre uno y resuelve. Sin embargo, cada vez que aparece una nueva lata también vuelven las preguntas sobre el mercurio y si es seguro comer tanto de este producto. Para aclarar el panorama, nutricionistas consultados por Panorama del San Jorge insisten en que el problema no es el atún en sí, sino la frecuencia.
El atún es un pez grande y, por ser depredador, acumula más mercurio que otras especies. Este metal puede afectar el sistema nervioso en desarrollo, por eso los expertos piden especial cuidado con embarazadas, mujeres en edad fértil, lactantes y niños pequeños, que son los grupos más sensibles. Aun así, los análisis oficiales muestran que las conservas que se venden en Colombia cumplen los límites de seguridad. Según estudios regulatorios, los niveles promedio están muy por debajo del tope permitido, lo cual reduce el riesgo si el consumo es moderado.
Los nutricionistas Miguel Ángel Lurueña y Aitor Sánchez coinciden en un punto clave: una lata esporádica no representa un peligro, pero comer varias cada semana sí puede aumentar la exposición al mercurio. Un adulto necesitaría unas siete latas semanales para sobrepasar el límite seguro, pero ambos especialistas recomiendan no pasar de tres o cuatro. En el caso de embarazadas, la recomendación es aún menor.
No todas las latas son iguales. Las que dicen “atún claro” suelen venir de yellowfin, una especie más grande y con más mercurio. En cambio, cuando la etiqueta solo dice “atún”, por lo general es atún listado o skipjack, especies más pequeñas y con menor acumulación. La nutricionista Leticia Zoé recuerda que esta simple diferencia puede ayudar a reducir riesgos sin dejar de consumir este alimento práctico y accesible.
Los expertos también recomiendan variar el tipo de pescado en lata: sardinas, caballa y bonito del norte son opciones más pequeñas, nutritivas y con niveles bajos de mercurio. Incluso sugieren alternar con legumbres o pescado fresco. Y si la duda es el aceite, la recomendación de la nutricionista Marta Verona es clara: elegir conservas en aceite de oliva cuando el bolsillo lo permita, porque el aceite de girasol se consume en exceso en la dieta moderna y suele ir acompañado de más productos ultraprocesados.




