OPINIÓN

Opinión | El orgullo de Córdoba: una potencia agropecuaria para Colombia

Por: Mario E. Pretelt Puente.

Hay regiones que aún buscan definir su vocación. Córdoba no tiene ese dilema. La historia, la geografía y el trabajo de su gente la convirtieron, hace mucho tiempo, en una tierra agropecuaria por excelencia. Nuestra mayor riqueza nace del campo, donde durante generaciones se ha construido una cultura productiva que hoy distingue al departamento como referente nacional en ganadería de carne, producción lechera, genética bovina y sistemas de doble propósito. A ello se suman la agricultura, la porcicultura, la avicultura, la piscicultura, la apicultura y la producción ovina y caprina, actividades que conforman un mismo patrimonio económico y cultural.

Sin embargo, ese patrimonio aún no ha sido aprovechado en toda su dimensión. Colombia debe seguir reconociendo a Córdoba como un orgullo ganadero, pero también como el territorio con mayor potencial para liderar el desarrollo agropecuario nacional. La ganadería no representa nuestro límite; es el punto de partida para consolidar el sistema agropecuario más moderno, competitivo e innovador del país.

Durante años hemos cometido un error: pensar cada actividad productiva de manera aislada. El ganadero, el agricultor, el piscicultor y los productores de especies menores avanzan por caminos paralelos cuando deberían formar parte de una misma estrategia de desarrollo. El futuro del departamento depende de entender que todas estas actividades integran un solo ecosistema económico, donde el crecimiento de una fortalece a las demás.

Pero ningún proyecto rural prospera sin seguridad. La extorsión, el abigeato, el hurto de maquinaria, el robo de cosechas y las amenazas contra quienes producen desalientan la inversión y frenan el desarrollo. A ello se suma la necesidad de garantizar seguridad jurídica. Quien adquiere una propiedad conforme a la ley debe tener la certeza de que podrá producir, invertir y generar empleo bajo reglas claras y estables.

También es hora de superar un debate que por décadas ha dividido al campo colombiano. El verdadero desafío no es quién posee la tierra, sino cómo lograr que produzca más y mejor. Reducir el desarrollo rural a una confrontación entre campesinos y ganaderos solo ha profundizado las diferencias y retrasado las soluciones. El campesino necesita oportunidades reales para progresar y el ganadero requiere condiciones para invertir. Lejos de ser adversarios, ambos son aliados indispensables para el futuro de Córdoba.

Por ello considero que el departamento debe impulsar una política pública denominada Sistema Agropecuario Integral de Córdoba, concebida como una estrategia de largo plazo para convertir nuestra vocación productiva en el principal motor del desarrollo regional. Esa política debería apoyarse en cinco pilares: fortalecer la seguridad rural; garantizar la seguridad jurídica y el respeto por la propiedad privada; atraer inversión mediante incentivos para proyectos agropecuarios y agroindustriales; promover la investigación, la tecnificación y la innovación; y consolidar cadenas productivas que integren la ganadería, la agricultura y las demás actividades pecuarias con la transformación industrial y la apertura de nuevos mercados.

No se trata de sustituir la ganadería, sino de fortalecerla. Tampoco de enfrentar al gran productor con el pequeño campesino, sino de integrarlos en un mismo sistema productivo donde el conocimiento, la tecnología, la inversión y el trabajo generen mayor productividad, más empleo y mejores oportunidades para todos.

Esta no debería ser la bandera de un gobierno ni de un partido político. Debería convertirse en una política de Estado. El próximo Gobierno Nacional, junto con la Gobernación de Córdoba, los municipios, las universidades, los gremios y los productores, tendrá la oportunidad de transformar este enorme potencial en una estrategia nacional de desarrollo. Apostarle a Córdoba no significa favorecer a un solo departamento; significa fortalecer la seguridad alimentaria de Colombia y demostrar que el campo puede volver a ser el gran motor de la economía nacional.

Los cordobeses tenemos motivos para sentir orgullo por nuestra historia, pero el verdadero orgullo no puede limitarse al pasado. Debe impulsarnos a construir el futuro. Estoy convencido de que el departamento que durante décadas ha sido sinónimo de excelencia ganadera también puede convertirse en el mayor referente colombiano de producción agropecuaria, innovación rural y agroindustria. Ese es el desafío. Y también la oportunidad. Porque el verdadero orgullo de Córdoba no está únicamente en la riqueza de su tierra, sino en la capacidad de su gente para transformarla en alimentos, empleo, desarrollo y esperanza para toda Colombia.

 

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba