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Baños públicos: lo que crees que te protege podría enfermarte

Aunque muchas personas adoptan rituales en baños públicos para evitar infecciones, algunos de estos hábitos no solo son ineficaces, sino que también pueden ser contraproducentes.

Utilizar baños públicos no siempre es una elección, sino una necesidad. Sin embargo, muchas de las precauciones que se toman por costumbre o desagrado pueden no ser tan útiles como se cree. Según especialistas y divulgadores científicos, algunas de estas prácticas pueden incluso aumentar el riesgo de contraer infecciones.

Uno de los hábitos más comunes es cubrir la taza del inodoro con papel higiénico. Aunque puede parecer una medida lógica, esta acción resulta poco efectiva, ya que el papel es poroso y no impide el paso de microorganismos. Así lo explica la cuenta de divulgación ‘Súbele a la Ciencia’, que alerta sobre la falsa sensación de protección que brinda este gesto.

Otra estrategia frecuente es evitar el contacto directo con la taza levantando el cuerpo. Pero hacerlo puede interferir con la forma natural de orinar, impidiendo que la vejiga se vacíe completamente, lo cual puede generar infecciones urinarias si se convierte en una práctica habitual.

Además, muchas personas olvidan que lavarse las manos solo con agua no basta. Es esencial utilizar jabón para eliminar bacterias, especialmente aquellas que podrían causar enfermedades como la diarrea. Tocar superficies como manijas o grifos sin protección también puede representar un riesgo, por lo que usar un pañuelo o el dorso de la mano puede ser una mejor opción.

Otra medida malinterpretada es no bajar la tapa del inodoro. Al hacerlo, se evita la dispersión de gotas que pueden alcanzar hasta metro y medio de altura y mantenerse suspendidas en el aire por más de una hora. Estas partículas pueden contaminar objetos cercanos como bolsos, celulares o maletas, por lo que se recomienda no colocarlos en el suelo ni cerca del sanitario.

Finalmente, contener las ganas de ir al baño también puede ser perjudicial. Retener las heces por mucho tiempo hace que el cuerpo reabsorba el agua contenida en ellas, volviéndolas más secas y difíciles de evacuar, lo que puede provocar estreñimiento y complicaciones intestinales.

La clave está en mantener buenos hábitos de higiene, confiar en la protección natural del cuerpo y evitar acciones innecesarias que, lejos de ayudar, podrían poner en riesgo la salud.

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