El agotamiento constante no es “pereza”: expertos explican qué puede estar pasando
Sentirse cansado todo el tiempo se ha vuelto común, pero no normal. Diversas causas —desde el sueño y el estrés hasta enfermedades silenciosas— pueden estar drenando tu energía sin que lo notes.

En los últimos años, la consulta médica por fatiga ha aumentado entre el 10 % y el 20 % de la población, según reportes internacionales. En conversaciones frecuentes con lectores de Panorama del San Jorge, sigue apareciendo la misma pregunta: “¿Por qué vivo cansado si no hice nada?” La respuesta no es sencilla, pero sí clara: muchas veces el cansancio viene de pequeños hábitos o condiciones que pasamos por alto en el día a día.
Una de las causas más comunes es no tener un sueño realmente reparador. Aunque la gente crea que con “dormir ocho horas” es suficiente, factores como despertarse varias veces, usar el celular antes de acostarse o problemas como la apnea del sueño impiden que el cuerpo se recupere bien. Esto también está ligado al estrés, un estado que mantiene el cuerpo en alerta durante horas y termina desgastando la energía, afectando el ánimo, la digestión y hasta la concentración.
La salud mental también juega un papel clave. La depresión y la ansiedad pueden disminuir sustancias que regulan el estado de ánimo y la energía, generando apatía, problemas para concentrarse o la sensación constante de “no querer hacer nada”. A esto se suman condiciones médicas como anemia, hipotiroidismo o diabetes, que alteran la forma en que el cuerpo produce y distribuye energía, y que muchas veces pasan desapercibidas hasta que el cansancio se vuelve incapacitante.
El sedentarismo también contribuye, porque cuando el cuerpo pasa demasiado tiempo quieto, la energía se estanca: hay peor circulación, baja oxigenación del cerebro y un metabolismo más lento. De igual forma, ciertos medicamentos —como antihistamínicos, antidepresivos o tratamientos para la presión arterial— pueden causar somnolencia o debilidad. Por último, la falta de nutrientes esenciales o la deshidratación disminuyen el rendimiento del cuerpo, provocando mente nublada y fatiga muscular.
Ante esta mezcla de factores, los especialistas recomiendan observar los hábitos diarios, hidratarse bien, moverse más, revisar la calidad del sueño y consultar al médico si la fatiga persiste o aparece acompañada de mareos, cambios en la piel, pérdida de peso o alteraciones del ánimo.





