OPINIÓN

Opinión | Me importa un pito

Por: Bibiana Cabarcas

La dignidad presidencial, esa figura que es representativa de toda una nación y de un estado, se viene desdibujando de manera lamentable con el actual mandatario de los colombianos. Es verdaderamente vergonzoso observar la manera en que el presidente Petro utiliza sus redes sociales y en especial la red X  (antes Twitter ) para lanzar improperios a diestra y siniestra a todos aquellos que osan contradecirlo, con lenguaje inadecuado y que desdice de él como persona y como el estadista que dice ser.

Los ataques del mandatario han venido en aumento a todos sus contradictores, desde periodistas que investigan y han puesto de presente los hechos de corrupción en donde están implicados familiares suyos, hasta el último con el expresidente Duque, defendiendo al indefendible régimen dictatorial de los Castro en Cuba.

Petro insiste en ser el defensor ante la comunidad internacional de los regímenes de Venezuela y de Cuba, pidiendo perdón y olvido para todas las atrocidades que han cometido en contra de sus pueblos; Cuba desde hace más de sesenta años y Venezuela desde hace veinte, como si Chávez y Maduro en el vecino país, y los Castro en Cuba, fueran víctimas de persecución internacional y no los dictadores y genocidas que son. De ahí el enfrentamiento con Duque, al que culpa de haber incluido a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, de la cual pide que los excluyan.

La despachada del actual presidente pasará a la historia, “ me importa un pito los que se creen demócratas con la sangre de los niños Colombianos y Cubanos en sus manos”,  al igual que el “ de malas” de la Vicepresidente y, “la última coca cola del desierto” de la ministra del trabajo; elegantes expresiones que retratan muy bien a quienes nos están gobernando.

Mientras Petro repostea a favor del régimen Cubano en la cuna del capitalismo, en Broadway, NY, USA; tal parece que le importa un pito que masacren a militares en el Cauca y Nariño, que a su esposa Verónica Alcocer la mencionen en contratos corruptos de helicópteros en el ministerio de defensa, que su imagen desfavorable haya aumentado casi en un ochenta por ciento y que su ministra de Agricultura siga preparando marchas campesinas, con dinero del estado, para presionar una reforma que aún no se ha consensuado con los gremios y empresarios.

El presidente se está radicalizando cada vez más, tal parece que no le oye a nadie, ni siquiera al pueblo que lo eligió bajo la bandera de un cambio, y que ve con desconsuelo que dicho cambio está muy lejos de cumplirse.

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