Espiritualidad | Debemos entender y aceptar las circunstancias de la vida

Nuestro modo de pensar nos puede liberar o, por el contrario, nos puede dejar inundados de más preocupaciones. Debemos saber mirar hacia el frente, para no dejarnos arrastrar tanto por las vicisitudes que nos ocurran.
A veces afrontamos situaciones que no logramos entender o que se nos salen de las manos; en otras ocasiones, nos vemos rodeados de circunstancias que terminan en insospechadas bendiciones del cielo.
Mencionemos algunos ejemplos: atravesamos por caminos que se abren y luego nos encontramos con puertas que se nos cierran; hay amores que llegan y nos cambian la vida y otros que aparecen para mortificarnos; conocemos gente que nos alivia el alma y otra que nos hiere; de repente estamos plenos, pero también surgen grandes vacíos inexplicables; solemos afrontar caídas y pérdidas, y después nos levantamos y ganamos más, en fin…
Podría decir que son circunstancias que hacen parte del día a día, que se deben afrontar y que nos instan a tomar decisiones.
En algunas ocasiones, cuando lo que vivimos se traduce en ansiedad, solemos armar un enredo completo en nuestra mente. Las angustias se convierten en sensaciones de desasosiego que arruinan nuestra tranquilidad y afectan la cotidianidad.
Las cosas que no logramos solucionar o entender invaden nuestra mente, llenándola de preguntas inciertas que no encuentran respuestas, que atentan contra nuestra fe y que se convierten en obstáculos que no nos dejan seguir.
Todo ese enredo hace que se nuble nuestro mundo y, más grave aún, nos conduce a un estado peor del que ya estamos.
También hay que admitir que a veces nos estresamos más de la cuenta e intentamos explicar situaciones de nuestra vida que no tienen respuesta alguna. Muchas veces son acontecimientos, experiencias vividas y otras tantas cosas que nos golpean de repente y que no sabemos por qué suceden.
Si nos quedamos estancados con estos problemas, no saldremos adelante. Lo menciono porque suele darnos miedo continuar en medio de las incertidumbres que nos produce el no entender o el no aceptar lo que la vida nos trae.
No busquemos respuestas que tal vez no llegarán; hay cosas que suceden porque así deben ser, aunque no comprendamos el por qué y sintamos que no tenemos las suficientes fuerzas de asumirlas.
No hay más opciones que vivir, seguir, creer y no perder la esperanza de que vendrán tiempos mejores que compensarán las luchas que hemos asumido de manera valiente, sin renegar por todo, sin rendirnos y sin renunciar.
Por eso, más que buscar respuestas, démoslas nosotros mismos con nuestro vivir y actuar; que quien nos encuentre en el camino descubra en nosotros que hay un Dios de amor que existe y que se manifiesta en lo más sencillo y pequeño, aún en todo aquello que no entendemos y que a veces nos hace dudar.
Nada sacamos con llevar entre ceja y ceja todo el día nuestros temores y preocupaciones. Hay que desenredar la pita y, por supuesto, debemos hacerlo con fe, pues ella nos dará esperanza, fuerza y paz.




